Isabelle había dicho la verdad: El Instituto estaba totalmente desierto. Casi en su totalidad, de todos modos. 

Max estaba dormido en el sofá rojo del vestíbulo cuando ellos llegaron. Sus gafas estaban ligeramente torcidas y claramente no había querido quedarse dormido: había un libro abierto en el suelo, en donde se le había caído y sus pies colgaban sobre el borde del sofá de una manera probablemente bastante incómoda. El corazón de Clary se detuvo de inmediato. Él le recordó a Simon con nueve o diez años.
- Max es como un gato. Puede dormirse en cualquier lugar.- Jace se agachó y quitó las gafas de la cara de Max, dejándolos sobre una mesa con incrustaciones que estaba cerca. Había una mirada en su rostro que Clary no había visto antes – una dulzura sobre protectora que la sorprendió.
 -¡Oh, dejar sus cosas - solo conseguirás estropearlas-, dijo Isabelle con irritación, mientras desabotonaba su empapado abrigo. Su vestido se aferraba a su larga espalda y el agua oscureció el cinturón grueso de cuero que tenía alrededor de su cintura. El brillo de su látigo enrollado era visible cuando el mango sobresalía por encima de cinturón. Ella frunció el ceño.
 -Me está cogiendo el frío-, dijo. -Voy a tomar una ducha caliente- Jace la observó desaparecer por el pasillo con una especie de renuente admiración. 
-A veces ella me recuerda el poema. 'Isabelle, Isabelle, no se preocupó. Isabelle no gritó ni se apresuró.
 -¿Alguna vez sientes ganas de gritar?- Le preguntó Clary. -Algunas veces.- Dijo Jace encogiéndose de hombros se sacó su abrigo mojado y lo colgó en el perchero al lado del de Isabelle. 
-Aunque ella tenía razón sobre la ducha caliente. Sin duda, yo también necesito una
.-No tengo nada para cambiarme,- dijo Clary, de repente queriendo uno minutos para ella. Sus dedos deseaban marcar el número de Simon, y averiguar si estaba bien.-Simplemente te esperaré aquí-. 
-No seas estúpida. Te prestaré una camiseta-. Sus vaqueros estaban empapados y le colgaban de las caderas, mostrando una franja de pálida piel tatuada entre los vaqueros y el borde de la camiseta. Clary apartó la mirada.
 -No creo- 
-Vamos-. Su tono era firme. -De todos modos, hay algo que quiero mostrarte.

 Disimuladamente, Clary comprobó la pantalla de su teléfono, mientras seguía a Jace por el pasillo hacia su habitación. Simon no lo había llamado. El hielo se cristalizó dentro de su pecho. Hasta hace dos semanas, habían pasado años desde que Simon y ella habían tenido una pelea. Ahora parecía estar enojado con ella todo el tiempo.

 La habitación de Jace estaba exactamente como la recordaba: limpio como una patena y vacía como la celda de un monje. No había nada en la habitación que le dijese algo sobre Jace: ni posters en las paredes, ni libros apilados en la mesita de noche. Incluso el edredón de la cama era blanco. Fue hacia la cómoda y sacó una camiseta de manga larga de color azul de un cajón. Se la lanzó a Clary.
 -Esa se encogió al lavarla-, dijo.-Probablemente todavía te quede grande, pero...- Se encogió de hombros. -Voy a ducharme. Grita si necesitas cualquier cosa. 

Ella asintió, sosteniendo la camiseta contra su pecho como si se tratara de un escudo. Parecía como si estuviera a punto de decir algo más, pero aparentemente se lo pensó mejor, con otro encogimiento de hombros, desapareció en el cuarto de baño, cerrando la puerta detrás de él con firmeza. Clary se agachó detrás de la cama, la camisa a través de su regazo, y sacó el teléfono de su bolsillo. Marcó el número de Simon. Después de cuatro pitidos, saltó el buzón de voz. -Hola, has llamado a Simon. Estoy bien lejos del teléfono o te estoy evitando. Déjame un mensaje y- 
-¿Qué estás haciendo?Jace estaba en la puerta abierta del cuarto de baño. El agua corría con fuerza en la ducha detrás de él y el cuarto de baño estaba medio lleno de vapor. Estaba sin camisa y descalzo, los vaqueros mojados le colgaban en la zona baja de las caderas, mostrando las profundas marcas en los huesos de la cadera, como si alguien le hubiese clavado los dedos allí. Clary cerró inmediatamente su teléfono y lo dejó caer en la cama. 
-Nada. Mirando la hora. 
-Hay un reloj al lado de la cama-, señaló Jace. -Estabas llamando al mundano, verdad?
 -Su nombre es Simon.- Clary arrugó la camiseta de Jace haciendo una pelota entre sus puños. -Y no tienes por que comportarte como un capullo con el. Te ha ayudado más de una vez.- Jace entrecerró los ojos, reflexionando. El baño se estaba llenando de vapor rápidamente, haciendo que el pelo se le rizara más. Él dijo, 
-Y ahora te sientes culpable porque el se ha ido. Yo no me molestaría en llamarlo. Estoy seguro de que está evitándote.-Clary no trató de ocultar la ira de su voz.
 -Y tú lo sabes por que los dos sois muy amigos, verdad?-
-Lo sé porque vi la mirada en su cara antes de que se fuera-, dijo Jace.-Tú no lo sabes. No lo viste. Pero yo si. 

Clary se apartó el pelo todavía húmedo de sus ojos. Su ropa picaba allí donde se aferraba a su piel, sospecha que olía como el fondo de un estanque, y no podía dejar de ver la cara de Simon cuando la había mirado en el Tribunal de Seelie-como si la odiase. 
-Es tu culpa-, dijo ella de repente, la rabia se juntaba alrededor de su corazón. -No deberías haberme besado así. Jace, que se había estado apoyando contra el marco de la puerta, se puso recto de inmediato.
 -¿Cómo debería haberte besado? ¿Te gusta de otra forma? 
-No.- Sus manos temblaron en su regazo. Estaban rías, blancas, arrugadas por el agua. Junto y apretó los dedos para parar el tembleque. -Simplemente no quiero que me beses.
 -No es como si hubiésemos tenido ninguno de los dos otra opción. 
-Eso es lo que no entiendo!- Exclamó Clary. -¿Por qué ella te obligó a besarme? La Reina, me refiero. ¿Por qué nos obligó a hacer - eso? ¿Qué beneficio saca ella de esto? 
-Ya escuchaste lo que dijo la Reina. Pensó que me estaba haciendo un favor. 
-Eso no es cierto. 
-Es cierto. ¿Cuántas veces tengo que decírtelo? Las Hadas no mienten. Clary pensó en lo que Jace le había dicho cuando estaban con Magnus. Ellos averiguan lo que más deseas en el mundo y te lo dan - con un aguijón al final del regalo que te hará lamentar haberlo querido, en primer lugar. 
-Entonces ella se equivocó. 
-Ella no se equivocó.- El tono de Jace era amargo. -Ella vio el modo en que te miraba, y tu a mi, y Simon a ti, y nos vio como los instrumentos que somos para ella. 
-Yo no te miré-, murmuró Clary. 
-¿Qué?
-Dije que no te miré.- Descruzo los brazos, liberando sus manos. Había marcas rojas en donde sus dedos se habían agarrados entre ellos. -Por lo menos intenté no hacerlo.

 Sus ojos se entrecerraron, sólo se veía un destello dorado a través de la pestañas, y recordó la primera vez que lo había visto, en cómo le había recordado a un león, dorado y mortal.
 -¿Por qué no?
 -¿Por qué crees?- Sus palabras eran casi silenciosas, apenas un susurro. -Entonces, ¿por qué?-Su voz tembló. -¿Por qué todo esto con Simon?, ¿por qué sigues apartándome, por que no me dejas acércame a –?
 -Porque es imposible-, dijo ella, y la última palabra salió como una especie de lamento, a pesar de sus esfuerzos de autocontrol. -Lo sabes tan bien como yo!-Porque eres mi hermana-, dijo Jace. 

Ella asintió sin hablar. 
-Posiblemente, dijo Jace. -Y por eso, decidiste que tu viejo amigo Simon podía ser una distracción util? 
-Nada que ver,- dijo ella. -Quiero a Simon. 
-De la misma forma que quieres a Luke-, dijo Jace. -Como quieres a tu madre. 
-No.- Su voz era tan fría y mordaz como un carámbano. -No sabes lo que siento. Un pequeño músculo saltó a un lado de su boca. 
-No te creo.Clary se puso de pie. Ella no podía mirarle a los ojos, de modo que fijo su mirada sobre la fina cicatriz en forma de estrella que tenía sobre su hombro derecho, un recuerdo de alguna vieja herida. Es una vida de cicatrices y matanza, había dicho Hodge una vez. Tú no formas parte de ella.-Jace-, dijo. 
-¿Por qué me estás haciendo esto?
 -Por que me estás mintiendo. Y te estás mintiendo a ti misma. 

Los ojos de Jace ardían, y aunque tenía las manos metidas en los bolsillos, ella podía ver que las tenía cerradas como puños. Algo dentro de Clary se resquebrajó y se rompió, y las palabras salieron desparramadas. 
-¿Qué quieres que te diga? La verdad? La verdad es que te amo como debería amar a Simon, y deseo que él fuese mi hermano y no tu, pero no puedo hacer nada al respecto y tu tampoco! O tienes alguna idea, ya que eres tan malditamente inteligente? 

Jace jadeó, y ella se dio cuenta de que el nunca había esperado que ella le dijese lo que le acababa de decir, ni en un millón de años. Su mirada decía más. Ella luchó para recuperar su compostura. 
-Jace, lo siento, no quise decir-
-No. No lo sientas. No te disculpes.- Se movió hacia ella, casi tropezó con sus pies. Jace, que nunca tropezaba, nunca tropezaba con nada, nunca hacia un movimiento sin gracia. Le rodeó la cara con las manos, sentía el calor de la punta de sus dedos, sabía que debía apartarse, pero estaba congelada en el sitio, mirándolo fijamente. -No lo entiendes- dijo el. Su voz tembló. -Nunca me he sentido de esta manera por nadie. Creí que nunca lo haría. Pensé-la manera en que yo crecí-, mi padre-
-Amar es destruir-, dijo ella entumecidamente. - Lo recuerdo. 
-Pensé que una parte de mi corazón estaba rota - dijo, y tenía una mirada en su cara cuando habló como si estuviese sorprendido de oírse diciendo estas palabras, diciendo mi corazón. -Para siempre. Pero tú- 
-Jace. No-. Ella levantó su brazos y le cubrió las manos con las suyas, entrelazando los dedos. 
-Es inútil. 
-Eso no es verdad-. Había un tono de desesperación en su voz. -Si ambos sentimos lo mismo- 
-No importa lo que sentimos. No hay nada que podamos hacer-. Oyó su voz como si fuese un extraño el que hablaba: distante, miserable. -¿Dónde vamos a estar juntos? ¿Cómo podríamos vivir así?
-Podemos mantenerlo en secreto.
-La gente lo averiguará. Y no quiero mentirle a mi familia, ¿y tú? Su respuesta fue amarga. 
-¿Qué familia? De todos modos, los Lightwoods me odian. 
-No, no lo hacen. Y yo jamás podría contárselo a Luke. Y mi madre, ¿y si se despierta, que le vamos a decir? Esto, lo que queremos, sería repugnante si se enteran- 
-Repugnante? - Él bajó sus manos de su cara como si lo hubiera apartado. Parecía aturdido.
 -Lo que sentimos, - lo que yo siento 
-es repugnante para ti? Ella retuvo la respiración cuando lo miró a la cara. 
-Tal vez,- dijo, en un susurro. -No sé. 
-Tendrías que haber dicho eso para empezar. 
-Jace- Pero él se había alejado de ella, su expresión era seria y cerrada como una puerta. Era difícil creer que hasta hace unos segundos la estaba mirando de otra forma. 
-Entonces, lo siento, no he dicho nada.- Su voz era rígida y formal. - No te besaré de nuevo. Puedes contar con eso. 

El corazón de Clary se ralentizó, como si ya no tuviese un propósito cuando el se alejó de ella, cogió una toalla de encima de la cómoda, y se dirigió al cuarto de baño.
 -Pero-Jace, ¿qué estás haciendo?-Finalizar mi ducha. Y si has hecho que me quede sin agua caliente, voy a estar muy molesto.- Entró en el cuarto de baño, y cerró la puerta con una patada. Clary se derrumbó en la cama y miró el techo. Estaba tan blanco como la cara de Jace antes de que el le diese la espalda y se metiera en el baño. Girándose, se dio cuenta de que estaba acostada encima de su camisa azul: Incluso olía igual que él, como el jabón y el humo. Acurrucándose con ella, como lo hacía con su manta favorita cuando era muy pequeña, cerró los ojos. En el sueño, ella miró hacia el agua brillante, que se extendía por debajo de ella como un espejo sin fin que reflejaba el cielo nocturno. Y como un espejo, era sólida y dura, y podía caminar sobre ella. Caminaba, oliendo la brisa nocturna, las hojas mojadas y el olor de la ciudad, que brillaba en la distancia como un castillo de hadas lleno de luces - y mientras caminaba, pequeñas fisuras como telarañas se producían a sus pasos y salpicaba pequeñas astillas de cristal como si fuera agua. El cielo comenzó a brillar. Estaba iluminado con fuego, como si fueran pequeños fósforos ardientes. Empezaron a caer, una lluvia de brasas del cielo, y ella se agachó, cubriéndose con los brazos. Uno cayó justo delante de ella, una gran bola de fuego, pero cuando golpeó el suelo se convirtió en un muchacho. Era Jace, todo el era de un brillante dorado, con sus ojos y el pelo de oro, alas blancas y doradas brotaron de su espalda, más amplias y más llenas de plumas que las de cualquier ave. Le dio una sonrisa torcida y señaló detrás de ella. Clary se giró para ver que un muchacho de pelo oscuro-era Simon?-estaba de pie allí, también tenía alas a su espalda, plumas negras como la medianoche, y cada pluma tenía unas manchas de sangre. Clary se despertó jadeando, sus manos agarrando la camiseta de Jace. Su dormitorio estaba a oscuras, la única luz que había procedía de una estrecha ventana al lado de la cama. Ella se sentó. Sentía la cabeza pesada y la parte de atrás del cuello le dolía. Exploró la habitación lentamente y saltó cuando un punto brillante de luz, como los ojos de un gato en la oscuridad, brilló hacia ella. Jace estaba sentado en un sillón junto a la cama. Llevaba unos pantalones vaqueros y un suéter de color gris y su pelo parecía estar casi seco. Estaba sujetando algo con la mano que brillaba como el metal. Un arma? No parecía probable que se estuviera protegiéndose, aquí, en el Instituto, aunque Clary no podía adivinarlo.

 -¿Has dormido bien?Ella asintió. Sentía la boca seca. 
-¿Por qué no me has despertado?
-Creí que lo necesitabas. Por otra parte, estabas durmiendo como los muertos. Incluso babeabas-, añadió.-Sobre mi camisa. La mano de Clary fue hasta su boca. 
-Lo siento. 
-No muy a menudo puedes ver a alguien babear-, observó Jace. -Especialmente de esa forma. Boca muy abierta y todo. 
-¡Oh, cállate.- Revolvió entre las colchas hasta que encontró su teléfono y lo comprobó de nuevo, aunque ella sabía lo que había. Ninguna llamada. -Son las tres de la mañana-, señaló con consternación. -¿Crees que Simon estará bien? 
-Creo que él es raro, en realidad,- dijo Jace. -A pesar de que tiene poco que ver con la hora.

 Metió el teléfono en su bolsillo de los vaqueros. 
-Voy a cambiarme. El cuarto de baño blanco de Jace no era más grande que el de Isabelle, aunque estaba considerablemente limpio. No hay mucha variación entre las habitaciones en el Instituto, pensó Clary, cerrando la puerta detrás de ella, pero al menos tenían intimidad. Se quitó su camiseta húmeda y la colgó en el toallero, se lavó la cara, y se pasó un peine por su despeinado cabello rizado. La camiseta de Jace era demasiado grande para ella, pero la tela era suave contra su piel. Se enrolló las mangas y volvió al dormitorio, donde encontró Jace sentado exactamente donde había estado antes, mirando fijamente y malhumoradamente un objeto que tenía entre sus manos. Ella se inclinó sobre la parte trasera de la butaca. 

-¿Qué es eso? En lugar de responder, lo inclinó para que pudiera verlo correctamente. Era un pedazo dentado de cristal roto, pero en lugar de reflejar su propio rostro, mostraba una imagen de hierba verde, un cielo azul y las ramas negras y desnudas de los árboles. -No sabía que todavía lo guardabas-, dijo.
 -Ese pedazo del Portal. -Es la razón por la que quería venir aquí-, dijo. -Para conseguir esto. Anhelo y odio se mezclaban en su voz. -Sigo pensando quizás pueda ver a mi padre y averiguar lo que el planea. 
-Pero él no está allí, no? Pensé que estaba aquí en alguna parte. En la ciudad. Jace negó con la cabeza. 
-Magnus ha estado buscándolo y él no lo cree. -Magnus ha estado buscándolo? No lo sabía. Cómo- 
-Magnus no llegó a ser el Gran Brujo por nada. Su poder se extiende a través de la ciudad y más allá. Él puede sentir lo que está fuera.Clary resopló.
 -Él puede sentir perturbaciones en la Fuerza?Jace se torció en la silla y la miró con el ceño fruncido.
 -No estoy bromeando. Después del asesinato de aquel brujo en TriBeCa, comenzó a buscar. Cuando me fui a vivir con él, me pidió algo de mi padre que le ayudase a hacer la búsqueda más fácil. Le di el anillo de Morgenstern. Dijo que me avisaría si sentía a Valentine en cualquier lugar de la ciudad, pero hasta ahora no tiene nada.
 -Tal vez sólo quería tu anillo,- dijo Clary. -Siempre lleva un montón de joyas.- 
-Se lo puede quedar-. Dijo Jace apretando el agarre alrededor del cristal; Clary observó alarmada el manar de sangre en torno a los bordes donde cortaba piel. -No tiene ningún valor para mi.
-Ey-, dijo Clary, y se inclinó para cogerle el cristal. -Ten cuidado-. Ella guardó el trozo de Portal en el bolsillo de la chaqueta que estaba colgada en la pared. Los bordes estaban oscuros al mancharse con la sangre, y las palmas de Jace tenían unas líneas rojas. 
-Tal vez deberíamos regresar con Magnus -, dijo tan suavemente como pudo.-Alec ya ha estado allí mucho tiempo, y -
-De todas formas, dudo que le importe,- dijo Jace, pero él se puso de pie obedientemente y alcanzó su estela, que estaba apoyada contra la pared. Mientras dibujaba una runa de curación en el dorso sangrante de su mano derecha, dijo, -Hay algo que quería preguntarte.
-¿Y qué es?-Cuando me sacaste de la celda en la Ciudad Silenciosa, ¿cómo lo hiciste? ¿Cómo abriste la puerta? 
-Oh. Solamente usé una runa de apertura, y-Fue interrumpida por un duro, y estridente timbre, y se llevó la mano al bolsillo antes de comprender que el sonido que había escuchado era mucho más fuerte y más cortante que cualquier sonido que su teléfono pudiese hacer. Miró a su alrededor confundida.
 -Ese es el timbre de la puerta del Instituto-, dijo Jace, agarrando su chaqueta. -Vamos. Estaban a mitad de camino en el vestíbulo cuando Isabelle abrió la puerta de su dormitorio, vestida con un albornoz de algodón, tenía una máscara para dormir de color rosa sobre la frente, y una expresión semi aturdida. 
-Son las tres de la mañana!- ella les dijo, en un tono que sugería que la culpa era de Jace, o posiblemente de Clary. -¿Quién llama a la puerta a las tres de la mañana?
-Quizás es el Inquisidor,- dijo Clary, teniendo de repente un escalofrío. 
-Ella podría entrar sola-, dijo Jace. -Cualquier cazador de sombras podría. El Instituto está cerrado sólo para los mundanos y los subterráneos. Clary sintió como su corazón saltaba.
 -Simón!- , dijo. -Debe ser él! 
-¡Oh, por favor", bostezó Isabelle -, realmente nos despierta a esta hora impía solamente para demostrarte su amor o algo? No podría haber llamado? Los hombres mundanos son tan imbéciles. 

Cuando alcanzaron el vestíbulo, estaba vacío; Max debía de haberse ido a la cama por su cuenta. Isabelle palpó a través de la pared de la habitación y presionó un interruptor. En algún lugar en el interior de la catedral un estruendo lejano fue audible.
 –Bueno-, dijo Isabelle. -El ascensor está subiendo. -No puedo creer que no tuviese la dignidad y la sangre fría suficiente como para emborracharse y pasar la noche en alguna cuneta -, dijo Jace.- Debo decir, estoy decepcionado por el poco compañerismo.Clary apenas lo escuchó. Un creciente sentimiento de miedo hizo que su sangre se ralentizase y se espesase. Recordó su sueño: los ángeles, el hielo, Simon con alas sangrantes. Ella tembló. Isabelle la miró comprensiva. 
-Hace frío aquí,-. Ella se fue a buscar una capa de terciopelo azul de uno de los percheros. -Aquí-, dijo. -Ponte esto. Clary se lo puso y se lo ciñó a su alrededor. Era demasiado larga, pero era caliente. Tenía una capucha, también forrada con raso.Las puertas del ascensor se abrieron y las paredes reflejaban su rostro pálido y asustado. Sin tan siquiera pensarlo, dio un paso dentro. Isabelle la miró en su confusión.
 -¿Qué estás haciendo? 
-Es Simón,- dijo Clary. -Lo sé.
 -Pero- De repente, al lado de Clary estaba Jace, sosteniendo las puertas abiertas para Isabelle. -Vamos, Izzy-, dijo. Con un suspiro teatral, ella lo siguió. Clary intentaba atrapar su mirada, mientras los tres bajaban en silencio-Isabelle se estaba recogiendo el cabello-, pero Jace no la miraba. Él se estaba mirando a si mismo el espejo lateral del ascensor, silbando suavemente como siempre hacia cuando estaba nervioso. Ella recordó el ligero temblor cuando la tocó para besarla en el Tribunal de Seelie. Pensó en la mirada de Simón-y después como casi se fue corriendo para alejarse de ella, desapareciendo en las sombras en el borde del parque. Había un nudo de temor dentro de su pecho y no sabía por qué. El ascensor abrió las puertas en la nave de la catedral, viva con la luz de las velas. Ella empujó pasando por delante de Jace en su prisa para salir del ascensor y prácticamente corrió por el estrecho pasillo entre los bancos.

 Tropezó con el borde que arrastraba de su capa, pero no se detuvo, agarró con la mano la capa y se dirigió hasta las puertas de doble ancho. En el interior tenían dos cerrojos de bronce del tamaño de los brazos de Clary. 

Cuando alcanzó el cerrojo más alto, la campana sonó a través de la iglesia de nuevo. Ella escuchó a Isabelle susurrarle algo a Jace y, a continuación, Clary agarraba el cerrojo, arrastrándolo hacia atrás, y sintió a Jace sobre ella, ayudándola a abrir las puertas. El aire de la noche, inundó la catedral, y apagó las velas.

 Olía a ciudad: salado y lleno de vapores, hormigón y a basura, y debajo de otros olores familiares, el olor del cobre.Al principio Clary pensó que las escaleras estaban vacías. Luego parpadeó y vio a Rafael, sus rizos despeinados por la brisa de la noche, su camisa blanca abierta en el cuello para mostrar la cicatriz en el hueco de su garganta. En sus brazos sostenía un cuerpo. Eso era todo lo que Clary veía mientras lo miraba incrédula, un cuerpo. Alguien muy muerto, los brazos y las piernas colgaban como cuerdas flojas, la cabeza torcida exponía una garganta destrozada. Sintió como Jace apretaba la mano de alrededor de su brazo como un tornillo de banco, y sólo entonces miró mas detenidamente y vio la chaqueta familiar de pana con una manga desgarrada, la camiseta azul debajo y que ahora estaba llena de sangre, y ella gritó. El grito no produjo ningún sonido. Clary sintió como le fallaban las rodillas y se habría desmayado y caído al suelo si Jace no hubiera estado sosteniéndola.

-No mires-, dijo en su oído. -Por el amor de Dios, no mires-. Pero ella no podía dejar de mirar las manchas de sangre en el pelo de Simon, su desgarrada garganta, los cortes a lo largo de sus colgantes muñecas. Puntos negros entorpecieron su visión mientras ella luchaba por respirar. Isabelle, que había cogido uno de los candelabros vacíos que estaban al lado de la puerta, estaba desafiando a Rafael, como si el candelabro fuese un tridente.

 -¿Qué le has hecho a Simón?- En ese momento, su voz era clara e imperativa, sonando exactamente como su madre. 
-El no esta muerto-, dijo Rafael, con una voz plana e impasible, dejando a Simon a los pies de Clary, con una sorprendente suavidad. Ella había olvidado cuán fuerte debía ser - era un vampiro con fuerza sobre natural, a pesar de su delgadez. A la luz de las pocas velas que se derramaba por la puerta, Clary pudo ver que la camisa de Simón estaba empapada de sangre.
 -Que dijo-, comenzó. -Él no está muerto- dijo Jace, sujetándola contra el con mas fuerza. -Él no está muerto.Ella se soltó de él con un fuerte tirón y se dejó caer de rodillas sobre el hormigón. No le repugnaba tocar la ensangrentada piel de Simon, mientras deslizaba sus manos por debajo de la cabeza, y la ponía sobre su regazo.

-Simón-, susurró ella, tocándole la cara. No llevaba las gafas puestas. -Simón, soy yo.
-No puede oírte - dijo Rafael. -Se está muriendo. 

Ella levantó la cabeza y lo miró. 
-Pero has dicho-
-Dije que él no estaba muerto todavía-, dijo Rafael. -Pero en unos minutos-, diez, tal vez-su corazón se ralentizará y se parará. El ya no puede ver u oír nada. Los brazos de Clary se apretaron al alrededor de él involuntariamente.
 -Tenemos que llevarlo a un hospital - o llamar a Magnus. -Ellos no podrán ayudarle- dijo Rafael. 
-No lo comprendes. -No- dijo Jace, su voz tan suave como la seda pero con un tono agudo. -No lo hacemos. Y tal vez deberías explicarte. Porque de lo contrario voy a suponer que eres una sanguijuela granuja, y te arrancaré el corazón. Como debería haberlo hecho la última vez que nos reunimos.Rafael le sonrió sin diversión. 
-Juraste que no me dañarías, Cazador de sombras. ¿Lo ha olvidado?
-Yo no lo hice-, dijo Isabelle, blandiendo el candelabro. Rafael la ignoró. Todavía estaba mirando a Jace.
 -Recuerdo la noche en la cual irrumpiste en el Dumort buscando a tu amigo. Es la razón por la que lo traje aquí -hizo un gesto hacia Simon- cuando lo encontré en el hotel, en lugar de dejar que los demás bebieran de él hasta la muerte. Verás, él entró a la fuerza, sin permiso, y, por lo tanto, fue una presa fácil para nosotros. Pero lo mantuve vivo, sabiendo lo que el era para vosotros. No deseo una guerra con los Nefilim. 

-Entró a la fuerza?- dijo Clary con incredulidad. -Simon nunca haría nada estúpido y loco. 
-Pero lo hizo-, dijo Rafael, con una débil sonrisa, -porque él sospechaba que se estaba convirtiendo en uno de nosotros, y quería saber si el proceso podía invertirse. Es posible que recuerdes que cuando estaba en la forma de una rata, y viniste a buscarlo, el me mordió.
 -Muy emprendedor de su parte-, dijo Jace. -Lo apruebo.
 -Tal vez-, dijo Rafael. -En cualquier caso, tomó un poca de mi sangre en su boca cuando lo hizo. Sabes que es cómo pasamos nuestros poderes a los demás. A través de la sangre. A través de la sangre. Pensó Clary.
 -Él pensaba que se estaba convirtiendo en uno de vosotros-, dijo. -Fue al hotel para ver si era cierto. -Sí- dijo Rafael. -La pena es que los efectos de mi la sangre probablemente se hubiesen desvanecido con el paso del tiempo y no le habrían hecho nada. Pero ahora- El gesticuló hacia el cuerpo de Simon. 
-¿Y ahora qué?- dijo Isabelle, con un tono duro en su voz. -Ahora se va a morir?
-Y se levantará de nuevo. Ahora será un vampiro. El candelabro se escapó de las manos de Isabelle mientras abría sus ojos enormemente en estado de shock.
 -¿Qué? 

Jace capturó el arma improvisada antes de que golpease el suelo. Cuándo se dirigió a Rafael, sus ojos eran sombríos. 
-Estás mintiendo. 
-Espera y verás-, dijo Rafael. -Él va a morir y luego renacerá como uno de los Hijos de la Noche. Esa es también la razón por la que vine. Simon es uno de los míos ahora-. 

No había nada en su voz, ni dolor, ni placer, pero Clary no podía dejar de preguntarse qué alegría escondida podría sentir el.
-No hay nada que se pueda hacer? No hay forma de revertir esto?- exigió Isabelle, su voz estaba llena de pánico.

 Clary pensó distantemente, que era extraño que estos dos, Jace y Isabelle, que no querían a Simon de la forma en que ella lo hacia, llevasen toda la conversación.Pero tal vez ellos hablaban, porque ella no podía decir ni una palabra.
 -Podrías cortarle la cabeza y quemarle el corazón, pero duda de que lo hagáis.
 -¡No!- Las manos de Clary agarraron más fuertemente a Simon.
 -No te atrevas a lastimarlo.
-No tengo ninguna necesidad-, dijo Rafael. 
-No hablaba contigo.- Clary no alzó la vista. -No lo pienses, Jace. Ni siquiera pienses en ello. 

Hubo silencio. Ella podía oír la respiración entrecortada de Isabelle, y Rafael, por supuesto, no respiraba en absoluto. Jace dudó un momento antes de que decir,
 -Clary, que querría Simon? ¿Es esto lo que el querría para el? Ella levantó la cabeza. Jace la estaba mirando, el candelabro de metal aún estaba en su mano, y de repente una imagen vino a su mente, Jace agarrando a Simon y clavándole el candelabro en el pecho, sangre salpicando como una fuente.
 -¡Aléjate de nosotros!- ella gritó de repente, tan fuerte que vio en la distancia a unas figuras caminando por la avenida en frente de la catedral que se giraron, asustados por el ruido. Jace se puso blanco, tan blanco que parecía inhumano, con sus ojos como discos dorados, extraños y fuera de lugar. Él dijo, 
-Clary, no crees- Simon jadeó, de repente, arqueándose hacia arriba. Ella gritó de nuevo y lo agarró fuertemente, acercándolo aún más. Sus ojos eran anchos, ciegos y estaban aterrados. Hasta que la miró y levantó una mano. Ella no estaba segura de si él estaba tratando de tocar su cara o agarrarla, o es que no sabía quién era ella. 
-¡Soy yo,- dijo ella, agarrándole su mano y entrelazando sus dedos con los de él. -Simón, soy yo. Clary-. Sus manos le resbalaban entre las de él; cuando ella miró hacia abajo, vio que estaban mojadas con sangre de su camisa y de las lágrimas que se le habían resbalado en su cara sin darse cuenta. 
-Simón, Te quiero-, dijo. Las manos de el, apretaron las de ella. Respiró con mucha dificultad, produciendo un sonido áspero y, a continuación, no volvió a respirar. Te quiero. Te quiero. Te quiero. Las últimas palabras a Simón hacían un eco en los oídos de Clary mientras el agarré de el se debilitaba. Isabelle de repente estaba junto a ella, diciéndole algo en su oído, pero Clary no podía escucharla. El sonido de agua corriendo, como el de una ola, llenó sus oídos. 


Ella vio como Isabelle trataba suavemente de que soltara las manos de Simón, y no podía. Clary estaba sorprendida. No parecía que las estuviera agarrando tan fuertemente. Dándose por vencida, Isabelle se puso de pie y se giró hacia Rafael llena de ira. Ella estaba gritando. A mitad de su diatriba, Clary volvió a escuchar, al igual que una emisora de radio que había encontrado una estación dentro de su alcance.
 -y ahora que se supone que vamos a hacer?- gritó Isabelle. 
-Enterrarlo-, dijo Rafael. El candelabro se balanceaba en las manos de Jace. 
-Eso no es divertido. -No se supone que tenga que serlo-, dijo el vampiro, sin inmutarse. -Así es como estamos hechos. Nos drenan la sangre, y nos entierran. Cuando excavamos nuestra propia salida de la tumba, que es cuando nace un vampiro.Isabelle hizo un leve sonido de disgusto.
 -Creo que no podría hacer eso. 
-Algunos no pueden-, dijo Rafael. -Si nadie está ahí para ayudarles a cavar, se quedan así, atrapados como ratas debajo de la tierra. Un sonido rasgado salió de la garganta de Clary. Un sollozo que fue tan bruto como un grito. Ella dijo,
 -No pienso enterrarlo.
 -Entonces se quedará así-, dijo Rafael despiadadamente. -Muerto pero no muerto. Nunca despertará. Todos la estaban mirando. Isabelle y Jace retenían sus respiraciones, esperando su respuesta. Raphael se veía indiferente, casi aburrido.
 -No has entrado en el Instituto porque puedes,¿verdad?- dijo Clary.- Porque es tierra santa y que eres impío. 
-Eso no es exactamente-, comenzó Jace, pero Rafael lo cortó con un gesto. -Debo decirte,- dijo el chico vampiro -, que no hay mucho tiempo. Cuanto más esperemos para enterrarlo, menos probabilidades tendrá él de ser capaz de cavar su propio camino. Clary miró hacia abajo a Simon. Se veía como si estuviese dormido, si no fuera por los largos cortes a lo largo de su piel desnuda.
 -Podemos enterrarlo-, dijo. -Pero quiero que sea en un cementerio judío. Y quiero estar allí cuando él se despierte. Los ojos de Rafael brillaron.
 -No será agradable. 
-Nada lo es.- Apretó su mandíbula.
 -Vamos. Sólo tenemos unas pocas horas hasta el amanecer.

------------------------------------------

Gracias a Jen por traducir este cap!!!

3 comentarios:

El libro esta la mar de bien muchas gracias a todos por el trabajazo que estais haciendo con la traduccion!!!!

Ohhh!!! uno de los cap más fuertes desde "La flor de medianoche" de ciudad de Hueso... como Clary le va a decir eso de esa manera al pobre de Jace, sabiendo como es y que se abrió por primera vez a una persona, esta loca! jajaja

Gracias por el trabajo que estan haciendo chicas, saludos! =)

Me encanta como empieza ese capituloo! (L) Clary es idiota! pobre jace.. su primera vez que abre el corazon y ella le dice que no de un modo tan descaradoo! y ademaas, ella lo ama. es qe mira qe enviarlo todo a la m.. Y pobre simoon ! T__T

Muchas gracias por traducirloo, estaba de los nervios porqe pensaba que tendria qe esperar asta vete a saber cuanto que saliera en español,, o si no me lo iba a leer en inglees. Gracias, gracias.. muchas graciaas:)..

si quieres pasarte es fotolog.com/marionaa_44

Publicar un comentario en la entrada

Blog Archive