(traducido por Angeline Anglyen – HYPERLINK "mailto:angeline.steelix@gmail.com"angeline.steelix@gmail.com )
La unidad de cuidados intensivos del hospital Beth Israel siempre le recordó a Clary las fotos que había visto de la Antártida: era fría y le daba la sensación de soledad. Todo era gris, blanco o azul pálido. Las paredes de la habitación de su madre eran blancas, los tubos que se asomaban en torno a su cabeza y las repisas con máquinas emitiendo bipidos interminables junto a su cama eran grises, y la manta subida hasta su pecho era azul pálido. Su rostro era blanco. El único color en la habitación era su cabello rojo, ardiendo sobre la blanquecina extensión de la almohada como una llamativa e incongruente bandera izada en el polo sur.
Las patas de metal de la silla junto a la cama chirriaron contra el piso cuando Clary la acercó y se sentó lentamente, alisando su falda por debajo de las piernas. Siempre que venía a visitar a su madre al hospital se sentía nerviosa y se le secaba la boca, como si fuera a meterse en un problema o algo. Quizás era porque las únicas veces que había visto a su madre así, rígida y tensa, eran cuando estaba por estallar de ira.
-Mamá -dijo.
Ahora que no veía el rostro de su madre, relató toda la historia, completa: cómo había conocido a Jace y a los otros Cazadores de Sombras, la búsqueda de la Copa Mortal, la traición de Hodge y la batalla en Renwick, el hecho de que Valentine era su padre al igual que el de Jace. Y eventos recientes también: la visita nocturna a la Ciudad de Hueso, la Espada del Alma, el odio de la Inquisidora hacia Jace, y la mujer de cabello plateado. Y luego le habló a su madre sobre el Tribunal de Seelie, sobre el precio que la Reina había exigido, y lo que le sucedió a Simon después. Pudo sentir las lágrimas quemar su garganta mientras hablaba, pero fue un alivio el contarlo, el desahogarse con alguien, aún cuando ese alguien –probablemente- no podía oírla.
-Así que, básicamente –dijo-, lo he arruinado todo. Recuerdo cuando me dijiste que madurar es el momento en que empiezas a tener cosas que recordar y deseas cambiar. Supongo que eso significa que he madurado. Es sólo que- que-. Pensé que estarías ahí cuando eso sucediera. Se atragantó en lágrimas justo cuando alguien se aclaraba la garganta tras ella.
Clary se volteó y vio a Luke de pie en la entrada sosteniendo un vaso de espuma. Bajo las luces fluorescentes del hospital, pudo contemplar lo cansado que lucía. Había canas en su cabello y su camisa de franela azul estaba arrugada.
-¿Cuánto rato llevas parado ahí?
-No mucho –dijo-.Te traje algo de café-le tendió el vaso pero ella lo rechazó con la mano.
-Los detesto. Saben a calcetín.
Él le sonrió. –¿Cómo puedes saber a qué sabe un calcetín?
-Sólo lo sé-. Se inclinó y besó la fría mejilla de Jocelyn antes de ponerse de pie.-Adiós, mamá.
La camioneta azul de Luke estaba aparcada en el estacionamiento bajo el hospital. Salieron hacia la autopista Franklin D. Roosevelt antes que él hablara.
-Oí lo que dijiste allá en el hospital.
-Y yo que pensé que estabas fisgoneando –espetó sin resentimiento. Nada de lo que ella había dicho a su madre era algo de lo que Luke no podía enterarse.
-Lo que le sucedió a Simon no fue tu culpa.
Escuchó las palabras que parecieron rebotar en ella como si hubiese una pared invisible a su alrededor, como la que Hodge había levantado cuando le entregó a Valentine la Copa Mortal, pero esta vez no podía oír ni sentir nada a través de ella. Se sentía tan helada como si la hubiesen cubierto de hielo.
-¿Me oíste, Clary?
-Suena bonito, pero claro que fue mi culpa. Todo lo que le sucedió a Simon fue mi culpa.
-¿Porque él estaba molesto contigo cuando regresó al hotel? Él no regresó ahí por estar enojado contigo, Clary. He oído de situaciones como esta. A aquellos que no se trasforman del todo les llaman darklings. Él se pudo haber sentido arrastrado hacia el hotel por un impulso que no pudo controlar.
-Porque tenía la sangre de Raphael dentro de él. Pero eso nunca habría sucedido de no haber sido por mí. Si no lo hubiera traído a esa fiesta-
-Pensaste que sería seguro ahí. No lo expusiste a ningún peligro del cual no te expusieras tu. No puedes torturarte así-dijo Luke, doblando hacia el Puente de Brooklyn. El agua moviéndose bajo ellos en ondas de gris plateado-. No tiene sentido.
Se sintió diminuta en su asiento, rizando sus dedos en las mangas de su sudadera de punto con capucha color verde. Los bordes estaban raídos y el hilo le cosquilleó la mejilla.
-Mira –continuó Luke-. De todos los años que le conozco, ha habido siempre un lugar definido en el cual Simon ha querido estar y siempre ha luchado como el demonio para asegurarse de estar y quedarse ahí.
-¿Qué lugar es ese?
-Donde sea que estuvieras tú –dijo Luke-. ¿Recuerdas esa vez que te caíste del árbol en la granja cuando tenías diez años y te fracturaste el brazo? ¿Recuerdas cómo logró que le dejaran ir contigo en la ambulancia hacia el hospital? Pataleó y gritó hasta que cedieron.
-Tú te reíste –dijo Clary, recordando-, y mi mamá te golpeó el hombro.
-Era difícil no reírse. Determinación como esa en un niño de diez años es cosa de ver. Era como un pit bull.
-Si los pit bulls llevaran lentes y fueran alérgicos a la ambrosía.
-No puedes ponerle precio a ese tipo de lealtad –dijo Luke ahora más serio.
-Lo sé. No me hagas sentir peor.
-Clary, lo que quiero decir es que él tomó sus propias decisiones. Te culpas por ser lo que eres. Y eso no es culpa de nadie y no hay nada que puedas cambiar. Tú le dijiste la verdad y él decidió lo que quiso hacer con ella. Todos tienen elecciones que tomar; nadie tiene derecho de quitarnos aquellas elecciones. Ni si quiera por amor.
-Pero es precisamente eso –dijo Clary-. Cuando amas a alguien no tienes elección-. Pensó en la forma que su corazón se había contraído cuando Isabelle le había dicho que Jace había desparecido. Había salido de la casa sin si quiera pensarlo o vacilar. –El amor te quita elecciones.
-Es mucho mejor que no tenerlo -Luke condujo la camioneta hacia Flatbush. Clary no contestó, sólo fijó la mirada de forma aburrida hacia fuera de la ventana. La zona que rodeaba el puente no era precisamente una de las más bonitas de Brooklyn; cada lado de la avenida se alineaba con horrendos edificios de oficinas y tiendas de carrocería y pintura de autos. Comúnmente los detestaba pero en este momento le venían bien a su estado de ánimo-. Y bueno, ¿has tenido noticias de-? –comenzó Luke, aparentemente decidiendo que era hora de cambiar el tema.
-¿Simón? –interrumpió-. Sí, sabes que lo que hecho.
-En realidad iba a decir Jace.
-Oh–. Jace la había llamado a su teléfono celular muchas veces dejando mensajes. No había contestado ni devuelto sus llamadas. No hablarle era su forma de penitencia por lo que le había sucedido a Simon. Pensó que era la mejor forma de castigarse a sí misma-. No, no las he tenido.
La voz de Luke fue neutral. –Quizás deberías. Sólo para saber si se encuentra bien. A lo mejor se la está pasando mal, considerando-
Clary se removió en su asiento. –Creí que lo habías averiguado con Magnus. Te oí hablándole sobre Valentine y todo el asunto de invertir la Espada del Alma. Estoy segura que te habría dicho si Jace no estaba bien.
-Magnus puede asegurarme la buena salud física de Jace. Pero su salud mental, por otro lado-
-Olvídalo. No voy a llamarlo–. Clary casi se sorprendió de sí misma por el frío tono de su voz. -Tengo que acompañar a Simon en estos momentos. No es como si su salud mental esté muy bien tampoco.
Luke suspiró. –Si está teniendo problemas para adaptarse a su condición, quizás debería-
-¡Pero claro que está teniendo problemas!–. Lanzó a Luke una mirada acusadora, aún cuando éste se concentraba en el tráfico y no lo notó-. De entre todos tú más que nadie debería comprender lo que se siente-
-¿Despertar un día cualquiera hecho un monstruo? –Luke no sonó angustiado, más bien agotado-. Tienes razón y lo comprendo. Y si alguna vez desea conversar conmigo, estaría feliz de hablarle de ello. Va a superarlo, aún cuando en ocasiones piense que no podrá.
Clary frunció el ceño. El sol se ponía tras ellos, haciendo que el espejo retrovisor brillara como oro. La luminosidad hizo que los ojos le escocieran. –No es lo mismo –dijo-. Al menos tú creciste sabiendo que los hombres lobo existían. Antes que él pueda contarle a quien sea que es un vampiro, debe convencerlo en primer lugar que los vampiros existen.
Luke estuvo a punto de decir algo, pero luego cambió de parecer. –Sí, estás en lo cierto-. Ahora se encontraban en Williamsburg, conduciendo por la poco transitada Kent Avenue, los almacenes alzándose sobre ellos a ambos lados de la calle. –Aún así. Tengo algo para él. Está en la guantera. Sólo por si acaso…
Clary abrió de golpe el compartimiento y frunció el ceño. Sacó un folleto doblado, reluciente, de aquellos que apilan en estanterías de plástico transparente en las salas de espera del hospital. -“Cómo Salir del Armario con Tus Padres”-leyó en voz alta-. LUKE. No seas ridículo. Simon no es gay, es un vampiro.
-Lo sé, pero ese folleto habla de cómo decirle a tus padres las verdades sobre ti que ellos no quieren oír. A lo mejor puede adaptar alguna de las charlas, o sólo considerar las recomendaciones en general-
-¡Luke! –chilló con voz tan aguda que él detuvo la camioneta con un fuerte chirrido de frenos. Estaban justo frente a su casa, con las aguas del East River centelleando a su izquierda, el cielo trazado por la oscuridad y las sombras. Una figura negra se inclinó frente al porche de la casa de Luke.
Luke entrecerró sus ojos. Como lobo, le había dicho a Clary que su vista era perfecta; como humano, que ya se estaba quedando corto de ella. –¿Es ese…?
-Simon. Sí –ella le reconoció aún de perfil-. Mejor debería ir a hablarle.
-Claro. Yo voy a… Ah… Atender algunos asuntos. Tengo que ir por unas cosas.
-¿Qué cosas?
Él le hizo un ademán con las manos de que se moviera. –Algo para comer. Regresaré dentro de media hora. Pero no te quedes afuera, entra y échale llave a la puerta.
-Sabes que lo haré.
Su corazón latía fuertemente. Había hablado con Simon por teléfono un par de veces, pero no le había visto desde que le habían traído, atontado y salpicado en sangre, a la casa de Luke a oscuras y tempranas horas de aquella fatídica madrugada para limpiarlo antes de conducirlo a su propio hogar. Y ella había pensado en que debían llevarlo al Instituto, pero eso era evidentemente imposible. Simon no podría ver nunca más el interior de una iglesia o sinagoga.
Mientras caminaba hacia el porche de Luke se le secó la boca y se le obstruyó la garganta con la presión de las lágrimas. Se dijo a sí misma que no iba a llorar. Eso sólo haría que él se sintiera peor.
Se levantó con un movimiento suave y elegante que a ella le heló la espina dorsal. Siempre hubo algo que Simon nunca tuvo, y eso era elegancia. Y había algo más en él, algo distinto-
-Está bien, es sólo que- ¿Cuánto llevas aquí?
-No mucho. Sólo puedo salir después de la puesta del sol, ¿recuerdas? Ayer saqué accidentalmente un centímetro de mi mano por la ventana y casi se me carbonizan los dedos. Por suerte puedo curarme rápido.
Hurgó por su llave, las puso en la cerradura y abrió la puerta. Una pálida luz se derramó sobre el porche. –Luke dijo que deberíamos quedarnos dentro.
-Porque esas cosas asquerosas –dijo Simon, empujándola frente a él- salen de noche.
Él se encontraba de pie en medio de la habitación con las manos torpemente guardadas en los bolsillos de su chaqueta. Llevaba vaqueros y una camiseta de franela que decía I <3>
-¿Alguna vez has visto un vampiro con lentes?
-Bueno, no, pero-
-No los necesito. La visión perfecta parece un gaje del oficio-. Se sentó en el sofá y Clary se le unió, tomando asiento a su lado manteniendo distancias. Así de cerca pudo contemplar lo pálida que lucía su piel y las venas de trazados azules que se dibujaban justo bajo su superficie. Sus ojos sin los lentes eran oscuros y enormes, y sus pestañas trazos de tinta negra. –Pero evidentemente tengo que ponérmelos cuando ando en casa o a mi madre le daría un ataque. Tendré que decirle que estoy poniéndome lentes de contacto.
-Vas a tener que decirle la verdad, y punto –dijo Clary, más segura de lo que se sentía-. No puedes ocultar tu- tu condición para siempre.
-Puedo intentarlo-. Arrastró una mano por entre sus negros cabellos, contorsionando los labios. –Clary, ¿qué voy a hacer? Mi mamá sigue sirviéndome comida y tengo que tirarla por la ventana – No he salido en dos días pero no sé cuanto más podré seguir pretendiendo que tengo la gripe. Llegará el momento en que me llevará al doctor, ¿y luego qué? Mi corazón no late. Le dirá a mi madre que estoy muerto.
-O te registrará como un milagro de la ciencia –bromeó Clary.
-No es gracioso.
-Lo sé, sólo trataba de-
-Y sigo pensando en sangre –continuó Simon-. Sueño y despierto pensando en ella. No falta mucho para que empiece a dedicarle escritos de poesía mórbida emo.
-¿No tienes esas botellas de sangre que Magnus te dio? No se te han acabado, ¿verdad?
-Aún las tengo. Están en mi mini-heladera. Pero sólo me quedan tres –su voz sonó con un halo de tensión-. ¿Y qué cuando no tenga más?
-Eso no pasará. Te conseguiremos más –dijo Clary, más segura de lo que se sentía. Supuso que siempre podía pedirle a Magnus abastecerse de su generoso bar de sangre de cordero, pero la sola idea le mareó-. Mira, Simon, Luke piensa que deberías decirle a tu mamá. No puedes ocultárselo siempre.
-Oh, pero claro que puedo intentarlo.
-Piensa en Luke –dijo angustiada-. Aún puedes vivir una vida normal.
-¿Y qué hay sobre nosotros? ¿Quieres un novio vampiro? –rió amargamente-. Porque siempre soñé con muchos días de campo románticos en nuestro futuro. Tú, bebiendo un vaso de piña colada virgen. Yo, bebiendo la sangre de una virgen.
-Velo como un reto –insistió Clary-. Sólo tienes que aprender a vivir con ello. Muchas personas lo hacen.
-No estoy seguro de ser una persona. Ya no.
-Lo eres para mí –dijo ella-. De cualquier modo, vivir como humano se ha sobrevalorado.
-Al menos Jace no puede llamarme mundano nunca más. ¿Qué es eso que tienes ahí? –preguntó, viendo el panfleto, aún enrollado en su mano izquierda.
-Oh, ¿esto? –lo sostuvo en alto-. Cómo Salir del Armario con Tus Padres.
Él abrió mucho los ojos. -¿Algo que quieras decirme?
-No es para mí. Es para ti-. Se lo entregó.
-No tengo que salir del armario con mi madre –dijo Simon-. Ella ya piensa que soy gay porque no me interesan los deportes y aún no tengo una novia seria. Y como sea, no es que sepa algo al respecto tampoco.
-Pero tienes que salir del armario como vampiro –puntualizó Clary-. Luke pensó que quizás podrías… Ya sabes, recurrir a una de las charlas que sugieren en el folleto, exceptuando que tienes que utilizar la palabra “muerto-viviente” en vez de-
-Lo capto, lo capto-. Simon desplegó el folleto-. Bien, voy a practicar contigo-. Se aclaró la garganta. –Mamá. Tengo algo que decirte. Soy un muerto-viviente. Ahora, sé que quizás ya tengas algunas nociones sobre ellos y que a lo mejor no te agrade la idea que yo lo sea. Pero estoy aquí para decirte que los muertos-vivientes son iguales que tú y yo-. Simon hizo una pausa. –Bueno, sí. Posiblemente más como yo que tu.
-SIMON.
-Bien, bien-. Continuó–. Lo primero que necesitas comprender es que soy la misma persona que siempre he sido. Ser un muerto-viviente no es lo más importante con respecto a mí, es sólo una parte de lo que soy. Lo segundo que debes saber es que no es una elección. Nací así-. Simon entrecerró los ojos hacia ella sobre el panfleto-. Lo siento, renací así.
Clary suspiró. –No estás haciendo el esfuerzo.
-Al menos puedo decirle que me sepultaste en un cementerio Judío –dijo Simon dejando de lado el folleto-. Quizás debiera comenzar de más abajo. Decirle a mi hermana primero.
-Te acompañaré si quieres. Quizás puedo ayudarles a entender.
Él alzó la mirada hacia ella, sorprendido. Clary pudo ver como se resquebrajaba su humor amargo y el miedo que yacía bajo él. -¿Harías eso?
-Yo –comenzó Clary… Pero fue interrumpida por un repentino y ensordecedor chirrido de neumáticos y el ruido de cristales rompiéndose. Se levantó de un salto y corrió hacia la ventana con Simon tras ella. Apartó la cortina de un tirón y miró hacia el exterior.
-Es esa chica lobo. Maia-. Simon sonó asombrado. -¿Qué pasó?
-No lo sé-. Clary cogió su estela desde arriba de una estantería. Bajaron estrepitosamente las escaleras y corrieron hacia las sombras, donde Luke se había inclinado con sus manos sobre los hombros de Maia, levantándola y sujetándola cuidadosamente hacia un lado del porche. De cerca, Clary pudo ver que la camisa de la chica lobo estaba rasgada y había una herida profunda en su hombro que sangraba lentamente.
Ella parpadeó y asintió, aún aturdida. -¿Luke? –susurró-. ¿Qué sucedió? –preguntó contrayendo el rostro en una mueca de dolor-. Mi hombro-
-Vamos. Mejor te llevo dentro-. Luke la levantó en sus hombros y Clary recordó que siempre había pensando lo fuerte que era para alguien que trabajaba en una librería. Y había caído en la cuenta del acarreo de todas esas pesadas cajas. Ahora lo entendía mejor. –Clary, Simon. Vengan.
Maia frunció el ceño. –No vi. Me volcó y luego- traté golpearlo, pero fue demasiado rápido-
-Yo lo vi –dijo Luke, con voz neutra-. Venía conduciendo a casa cuando te vi cruzando el césped- y luego vi a esa cosa en la sombra de tus talones. Te grité por la ventana, pero no me oíste. Luego te atacó.
-¿Qué era lo que la estaba siguiendo? –preguntó Clary.
-Era un demonio Drevak –dijo Luke en tono sombrío-. Son ciegos. Se guían por el olor. Conduje la camioneta hacia el césped y lo aplasté.
-No lo creo –dijo Luke para su sorpresa-. Los demonios Drevak no son chupasangres y definitivamente no podrían causar el tipo de caos que viste en la Ciudad del Silencio. La mayoría de las veces son espías y mensajeros. Creo que Maia sólo se interpuso en su camino-. Se inclinó para examinar a la chica, quien gemía despacio con sus ojos cerrados. -¿Puedes levantar la manga para poder ver tu hombro?
Maia miró su hombro con evidente horror. -¿Qué son esas cosas?
-Los demonios Drevak no tienen dientes; tienen púas venenosas en sus bocas –dijo Luke-. Se te han enterrado algunas en la piel.
Los dientes de Maia comenzaron a chirriar. -¿Venenosas? ¿Eso quiere decir que voy a morir?
-No si actuamos rápido –le tranquilizó Luke-. Sin embargo, voy a tener que sacarlas. Y va a doler. ¿Crees que puedas soportarlo?
El rostro de Maia se contrajo en una mueca de sufrimiento. Se controló para asentir. –Sólo… Sácamelas.
-¿Sacar qué? –preguntó Simon entrando en la habitación cargando una frazada enrollada, la cual dejo caer cuando vio el brazo de Maia y retrocedió un paso involuntariamente. -¿Qué son esas cosas?
-¿Demasiado sensible a la sangre, mundano? –dijo Maia con una sonrisa casi torcida. Luego jadeó. –Oh. Duele-
-Lo sé –dijo Luke envolviendo cuidadosamente la toalla en torno a la parte baja de su brazo. Sacó un cuchillo de hoja delgada de su cinturón. Maia le echó una mirada y apretó con fuerza los ojos.
-Haz lo que tengas que hacer –dijo en un halo de voz-. Pero- no quiero que los otros vean.
-Entiendo-. Luke se volvió hacia Simon y Clary. –Vayan a la cocina, los dos –dijo. –Llamen al Instituto. Díganles lo que ha sucedido y que envíen a alguien. No puede ser ninguno de los Hermanos, así que preferiblemente alguien con entrenamiento médico o un brujo-. Simon y Clary lo miraron, paralizados por la visión del cuchillo y el brazo de Maia tornándose púrpura lentamente. -¡Vayan! –insistió con brusquedad, y esta vez ellos hicieron caso.
5 comentarios:
oh excelente, este libro se pone cada vez mejor, por supuesto de nuevo muchisimas gracias.
Gracias! cada vez mejoran el trabajo
Si, es increible como se van superando en cada traducción de verdad les agradezco muchisimo lo que haceis y espero ansiosamente el siguiente capitulo!
Hay chicas sufro por cada dia q espero, lo estoy siguiendo un poco en ingles por la ansiedad, pero la verdad no hay nada mejor q sus traducciones, besos espero el proximo!!
Omg me hacen sufrir muchisimo por el 12, ya me estoy haciendo una histo para el concurso!! besos
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