Capitulo 15
“Luke”, Clary comenzó a decir en el momento que la puerta se cerró detrás de los Lightwood. “¿Qué vamos a hacer-”
Luke tenía las manos a los costados de la cabeza como si la estuviera sosteniendo para que no explotase. “Café”, dijo. “Necesito café”.
“Ya te traje café.”
El dejó caer sus manos y bajó su mirada. “Necesito más”
Clary lo siguió hacia la cocina, donde él trataba de de conseguir mas café antes de sentarse en la mesa y pasándose las manos a través del cabello. “Esto es malo”, dijo “Muy malo”
“¿Tu lo crees?”. Clary no podía imaginar beber café en este instante. Sus nervios estaban como si hubiesen sido estirados hasta convertirse en alambres.
“¿Qué sucede si lo llevan a Idris?”
“Habrá un juicio ante la Clave. Probablemente lo encontrarán culpable. Luego el castigo. Él es joven, quizás sólo le quiten las Marcas y no lo maldigan.”
“¿Qué quieres decir?”
Luke no la miraba. “Significa que le quitarán sus Marcas, no será mas un cazador de sombras, y lo expulsarán de la Clave. Será un mundano.”
“Pero eso lo mataría. Realmente lo haría. Él preferiría morir.”
“¿Piensas que no lo se?”, Luke había terminado su café y miraba taciturno su taza antes de dejarla.
“Pero eso no hará ninguna diferencia en la Clave. Ellos no pueden poner sus manos en Valentine, entonces castigarán a su hijo.”
“¿Qué hay acerca de mí? Soy su hija.”
“Pero no perteneces a su mundo. Jace lo hace. Por eso te sugiero que no te engañes a ti misma. Desearía que pudiéramos ir a la casa de campo-”
“¡No podemos simplemente dejar a Jace con ellos!” Clary estaba horrorizada. “No voy a ir a ningún lado.”
“Por supuesto que no,” Luke calmó su protesta. “Dije que desearía poder ir, no que deberíamos irnos. Existe la duda de que va hacer Imogen ahora que sabe donde esta Valentine, por supuesto. Podríamos encontrarnos en el medio de una guerra.”
“No me importa si ella quiere matar a Valentine. Ella puede hacerlo. Yo solo quiero recuperar a Jace.”
“Eso quizás no sea tan fácil”, dijo Luke, “considerando que en este caso, el hizo la cosa de lo que fue acusado.”
Clary estaba indignada. “¿Qué? ¿Piensas que el mato a los Hermanos Silenciosos? ¿Tu piensas-”
“Yo no pienso que mató a los Hermanos Silenciosos. Pienso que hizo exactamente lo que Imogen lo vio hacer: él fue a ver a su padre.”
Recordando algo, Clary preguntó: “¿Qué quisiste decir cuando dijiste que nosotros le fallamos a él, y no lo contrario? ¿Quieres decir que no lo culpas?”
“Lo hago y no lo hago” Luke parecía cansado. “Fue una acción estúpida. Valentine no es de fiar. Pero cuando los Lightwood le dieron la espalda ¿Qué esperaban que hiciese? Todavía es un niño, todavía necesita unos padres. Si ellos no lo querían, el buscaría a alguien que si lo hiciese.”
“Pienso que tal vez,” dijo Clary, “tal vez el te estaba buscando a ti para eso.”
Luke parecía triste. “También pienso eso, Clary. También pienso eso”
Maia podía oír débilmente el sonido de las voces viniendo desde la cocina. Ellos estaban agotados de todo el griterío que había habido en la sala de estar.
Tiempo de irse. Dobló una nota que había garabateado a toda prisa, la dejo en la cama de Luke, y cruzó la habitación hacia la ventana que había estado forcejeando para abrir los últimos veinte minutos. Aire fresco entró a través de ella- era uno de esos atardeceres cuando el cielo parecía imposiblemente azul y distante y el aire estaba débilmente impregnado con el olor del humo.
Enseguida se marchó trepando el alfeizar de la ventana y miró hacia abajo. Hubiera sido un salto preocupante para ella antes de haber sido transformada; ahora apenas de detuvo a pensar en su hombro herido antes de saltar. Aterrizó en cuclillas en el suelo de hormigón del jardín trasero de Luke. Siguiendo su camino, miró atrás hacia la casa, pero nadie abrió la puerta o la llamó para que regresara.
Ella reprimió su sentimiento de decepción. No era como si ellos le hubiesen prestado demasiada atención cuando se encontraba en la casa, pensó, cruzando la cadena del cerco que separaba el patio trasero de Luke del callejón, entonces ¿por qué notarían siquiera que se había marchado? Luego de aquello pensó con claridad, como siempre lo había hecho. El único entre ellos que la había tratado como si ella tuviera alguna importancia era Simón. Pensar en él la hizo estremecerse mientras saltaba al otro lado de la valla y se adentraba en el callejón de la Kent Avenue. Ella le había dicho a Clary que no recordaba la noche anterior, pero no era verdad. Recordaba la mirada en su rostro cuando ella se había alejado de él- era como si estuviese grabado bajo sus párpados.
Lo más extraño era que en ese momento él todavía parecía un humano para ella, más humano que nadie que hubiera conocido.
Cruzó la calle tratando de evitar pasar frente de la casa de Luke. La calle estaba casi desierta, los ciudadanos de Brookyn dormían sus siestas de los domingos.
Se movió hacia el subterráneo Bedford Avenue con su mente todavía en Simon.
Había un vacío en su estómago que se retorcía cuando pensaba en él. Él era la primera persona en la que deseaba confiar en años, y él había echo esa confianza imposible.
Por supuesto que si confiar en él era imposible, entonces ¿por qué estas dirigiéndote a verlo en este instante?, vino el susurro a su mente, que siempre le hablaba con la voz de Daniel. Cállate, le dijo firmemente. Incluso si no podemos ser amigos, al menos le debo una disculpa.
Alguien rió. El sonido provenía desde las paredes de la fábrica a su izquierda. Su corazón se contrajo con un repentino miedo. Maia giraba alrededor, pero las calles tras ella estaban vacías. Había una anciana paseando a sus perros a lo largo de las orillas del río, pero Maia dudaba que ella pudiera gritar desde semejante distancia.
De todos modos aceleró el paso. Podía caminar más rápido que los humanos, se recordó, sin mencionar correr más rápido que ellos. Incluso en su estado actual, con el brazo doliéndole como si alguien le hubiese pegado con un mazo en el hombro, no era como si tendría algo que temer de un ladrón o un violador. Dos muchachos armados con navajas habían tratado de atraparla mientras estaba caminando a través del Central Park una noche después de su primera visita a la ciudad, y sólo Bat había podido detenerla antes de que ella matase a aquellos chicos. ¿Entonces por qué estaba tan paranoica?
Miro a través de su hombro. La anciana se había marchado; Kent estaba vacío.
La antigua y abandonada fábrica de azúcar Domino se alzaba en frente de ella. Embargada por una repentina urgencia de salir de la calle, se metió por un callejón detrás de ella.
Se encontró a ella misma en un pequeño espacio entre dos construcciones, llenas de basura, botellas desechadas, y ratas moviéndose. El techo encima de ella, bloqueaba el sol y la hacía sentir como si se hubiese introducido en un túnel.
Las paredes eran de ladrillo, con pequeñas y sucias ventanas, muchas de las cuales habían sido rotas por vándalos. A través de ellas, ella pudo ver el piso de la fábrica abandonada y fila tras fila de calderas industriales, hornos, y tanques de metal. El aire olía a azúcar quemada. Ella se apoyó contra una de las paredes, tratando de controlar los latidos fuertes de su corazón. Casi había logrado calmarse cuando una voz imposiblemente familiar le habló desde las sombras.
“¿Maia?”
Giró alrededor. Él estaba parado en la entrada del callejón, su cabello salía de la oscuridad, brillando como una aureola alrededor de su hermoso rostro. Sus ojos oscuros con largas pestañas la miraban con curiosidad. Estaba usando unos jeans y a pesar del frío en el aire, una remera arremangada. Todavía parecía tener quince años.
“Daniel” ella susurró.
Él se acercó hacia ella, sus pasos no emitían sonido alguno. “Ha pasado mucho tiempo, hermanita.”
Ella deseaba correr, pero sus piernas se sentían como bolsas de agua. Se arrinconó contra la pared como si pudiese desaparecer en ella.
“Pero estas muerto.”
“Y tú no lloraste en mi funeral, ¿no Maia? ¿Sin lágrimas para tu hermano mayor?”
“Tu eras un monstruo,” susurró “trataste de matarme-”
“No lo suficiente”. Había algo largo y filoso en sus manos ahora, algo que parecía como llamas de plata en la oscuridad. Maia no estaba segura de lo que era; su visión estaba borrosa por el terror. Ella se deslizaba por el suelo a medida que el se acercaba, sus piernas no parecían lo suficientemente largas para sostenerla. Daniel se arrodillo a su lado. Ahora ella podía ver que era lo que tenía en su mano: un trozo filoso de vidrio de una de las ventanas rotas. El terror se apoderó de ella como una ola, pero no era miedo de que el arma en la mano de su hermano la lastimase, sino del vacío de sus ojos. Ella miró a través de ellos y lo único que veía era oscuridad.
“¿Recuerdas,”dijo, “cuando te dije que cortaría tu lengua antes de que le dijeses lo mío a mamá y papá?”
Paralizada por el miedo, lo único que podía hacer era mirarlo. Aunque podía sentir el vidrio cortándole la piel, el sabor asfixiante de la sangre llenándole la boca, deseando que estuviese muerta, nada era peor que este terror y este pavor.
“Es suficiente, Agramon”. La voz de un hombre cortó la neblina en su cabeza. No era la voz de Daniel- esta era suave, refinada, sin lugar a dudas humana. Le recordaba a alguien- ¿pero a quién?
“Como desee, Señor Valentine.”
Daniel exhaló, un suave suspiro de decepción- y luego su rostro se marchitó y se derrumbó. En un instante el se había ido, y con él la sensación paralizante, el terror hasta los huesos que había amenazado con extraerle la vida. Ella espiró desesperadamente.
“Bien. Ella está respirando.” Era la voz del hombre nuevamente, ahora irritado. “En serio, Agramon. Unos pocos segundos más y estaría muerta.”
Maia levantó la mirada. El hombre- Valentine- estaba parado frente a ella, muy alto, vestido completamente de negro, incluso los guantes en sus manos y las grandes botas de sus pies. El usó una de las puntas de sus botas para levantar su barbilla. Su voz cuando habló era tranquila, mecánica.
“¿Cuántos años tienes?”
El rostro mirando abajo hacia ella era angosto, anguloso, desprovisto de todo color, con ojos negros y su cabello tan blanco que parecía una fotografía en negativo. En el lado izquierdo de su garganta, justo por encima del cuello de su abrigo, había una Marca en forma de espiral.
“¿Eres Valentine?”, ella susurró, “Pero pensé que tú-”
La bota descendió sobre su mano, enviándole una sensación de dolor que subió por su brazo. Gritó.
“Te hice una pregunta.”, él dijo “¿Cuántos años tienes?”
“¿Cuántos años tengo?” El dolor en su mano se mezclaba con el acre hedor de la basura alrededor provocando que su estómago se retorciese. “Vete al demonio”
Una barra de luz parecía brotar entre sus dedos; una ardiente línea de dolor la quemó a través de su mejilla.; llevó las manos a su cara y sintió sangre escurriéndole en los dedos.
“Ahora,” Valentine dijo en el mismo tono refinado y preciso. “¿Cuántos años tienes?”
“Quince. Tengo quince.” Ella podía sentir su sonrisa, a pesar de no verla.
“Perfecto.”
Una vez de regreso en el Instituto, la Inquisidora condujo a Jace lejos de los Lightwood, y subieron la escalera hasta la sala de entrenamiento. Observando como se veía en los espejos que corrían a través de las paredes, se llevó un susto. No se había visto en días, y la anterior noche no había sido buena. Sus ojos estaban rodeados por sombras negras, su camiseta estaba manchada con sangre seca y lodo del East River. Su rostro parecía apagado.
“¿Admirándote?” La voz de la Inquisidora interrumpió su ensueño. “No parecerás tan apuesto cuando la Clave se encargue de ti.”
“Pareces obsesionada con mi apariencia.” Jace dejó de mirar el espejo con una especie de alivio. “¿Podría ser que todo esto sea por qué te sientes atraída hacia mi?”
“No seas asqueroso”. La Inquisidora había tomado cuatro largas tiras de metal de la bolsa gris que colgaba en su cintura. Cuchillas del Ángel. “Podrías ser mi hijo”
“Stephen” Jace recordaba lo que Luke había dicho en la casa. “¿Es así como se llama, no es cierto?”
La Inquisidora se volteó hacia él. Las cuchillas que sostenía estaban vibrando por su rabia.
“Jamás vuelvas a decir su nombre.”
Por un momento Jace se preguntó si ella realmente trataría de matarlo. Él no dijo nada hasta que ella se tranquilizó. Sin mirarlo, ella señaló con una de las cuchillas.
“Párate allí en el centro de la habitación por favor.”
Jace obedeció. Aunque trató de no mirar en los espejos, pudo ver su reflejo- y el de la Inquisidora- por la comisura de su ojo, los espejos reflejándolos por detrás. Había un número infinito de Inquisidoras paradas allí, amenazando a un número infinito de Jaces.
Él miro hacia sus manos amarradas. Sus muñecas y hombros habían ido desde un mínimo a un terrible dolor, pero él no hizo gestos de dolor mientras la Inquisidora contemplaba una de las cuchillas, llamada Jophiel, y la ponía en el pulido piso de madera a sus pies. Él esperó, pero nada paso.
“¿Boom?”, él dijo finalmente. “¿Se supone que va a pasar algo allí?”
“Cierra la boca” El tono de la Inquisidora era cortante. “y permanece donde te encuentras”
Jace se quedó allí, mirando con creciente curiosidad mientras ella se movía hacia su otro costado, nombrando la segunda cuchilla Harahel, y procediendo a dejar también esa en el suelo.
Con la tercera cuchilla –Sandalphon- se dio cuenta lo que estaba haciendo. La primera cuchilla había sido colocada en el suelo justo al sur de él, la próxima al este, y la siguiente al norte. Estaba marcando los puntos de la brújula. Él luchaba por recordar que era lo que significaba, sin lograrlo. Era claramente un ritual de la Clave, mas allá de cualquier cosa que le hubiesen enseñado. Para cuando alcanzó la última cuchilla, Taharial, sus palmas estaban sudando, doliéndole donde se rozaban una con otra.
La Inquisidora continuó, luciendo satisfecha con ella misma.
“Allí”
“¿Allí qué?” Jace protestó, pero ella alzó una mano.
“No todavía Jonathan. Hay una cosa más”
Ella se movió hasta la cuchilla que señalaba el sur y se arrodillo frente a ella. Con un movimiento rápido produjo una estela y marcó una runa oscura y simple en el suelo justo debajo de la cuchilla. Mientras se ponía de pie, un largo, dulce repicar sonó a través de la habitación, el sonido de una delicada campana siendo golpeada. Luz brotó de las cuatro cuchillas del Ángel, tan deslumbrante que Jace apartó su rostro, casi cerrando sus ojos. Cuando volvió el rostro, un momento después, vio que se encontraba dentro de una caja cuyas paredes parecían estar tejidas de filamentos de luz. No estaban estáticos, sino que se movían como capas de lluvia iluminada.
La Inquisidora era ahora una figura borrosa tras una pared incandescente.
“¿Qué es esto? ¿Qué has hecho?”
Ella rió.
Jace dio un paso furioso, luego otro; su hombro rozó la pared incandescente. Como si hubiera tocado una cerca eléctrica, la descarga lo arrojó de un golpe, haciéndolo caer sobre sus pies. Cayó torpemente al suelo, incapaz de utilizar sus manos para amortiguar su caída.
La Inquisidora rió nuevamente. “Si tratas de atravesar la pared, recibirás mas que una descarga. La Clave llama este castigo particular la Configuración Malachi. Estas paredes no pueden romperse en cuanto las cuchillas se mantengan donde están. Yo no-,” agregó, mientras Jace, de rodillas, se movía hacia la cuchilla mas cercana a él. “Toca las cuchillas y morirás.”
“Pero tú puedes tocarlas”, dijo él, incapaz de mantener fuera de su voz el odio que sentía.
“Puedo, pero no lo haré”
“¿Qué hay acerca de la comida? ¿Agua?”
“Todo a su tiempo, Jonathan.”
Él se puso de pie. A través de la pared borrosa, él la vio girar para irse.
“Pero mis manos-” Observó a sus muñecas amarradas. El ardiente metal estaba penetrando en su piel como ácido. La sangre fluía alrededor de sus esposas.
“Debiste haber pensado eso antes de ir a encontrarte con Valentine.”
“No me estás haciendo temer las medidas del Consejo. No pueden ser peor que tú.”
“Oh, no irás al Consejo,” dijo la Inquisidora. Había una calma en su voz que a Jace no le agradó.
“¿Qué quieres decir con que no voy a ir al Consejo? Pensé que habías dicho que me llevarían a Idris mañana.”
“No. Estoy planeando devolverte a tu padre.”
Esas palabras casi lo noquearon. “¿Mi padre?”
“Tu padre. Estoy planeando intercambiarte por los Instrumentos Mortales.”
Jace la miró. “Debes estar bromeando”
“De ninguna manera. Es más simple que un juicio. Por supuesto, serás expulsado de la Clave.”, ella agregó, como una idea de último momento, “pero asumo que tu ya esperabas eso”
Jace sacudía su cabeza. “Tienes al tío equivocado. Espero que te des cuenta de eso.”
Una especie de asombro cruzó su rostro. “Pensé que habíamos desechado tu fingimiento de inocencia, Jonathan.”
“No me refiero a mí. Me refiero a mi padre.”
Por primera vez desde que la conoció, la notó confundida.
“No entiendo lo que quieres decir.”
“Mi padre no intercambiará los Instrumentos Mortales por mí.”
Las palabras eran amargas, pero el tono de Jace no lo era.Esto era un hecho.
“Él dejara que me mates enfrente suyo antes de darte la Espada o la Copa.”
La Inquisidora inclinó su cabeza. “Tú no entiendes”, dijo, y hubo un extraño indicio de resentimiento en su voz. “Los niños nunca lo hacen. El amor que un padre tiene por su hijo, no hay nada más como eso. Ningún otro amor consume de tal manera. Ningún padre- ni siquiera Valentine- sacrificaría su hijo por un pedazo de metal, sin importar cuan poderoso fuera.”
“Tú no conoces a mi padre. Se reirá en tu cara y te ofrecerá algún dinero para que mandes mi cuerpo de vuelta a Idris.”
“No seas absurdo-”
“Tienes razón,” Jace dijo. “Pensándolo mejor, él probablemente te hará pagar los costos del transporte a ti.”
“Veo que aún eres hijo de tu padre. No quieres que pierda los Instrumentos Mortales- también sería una gran pérdida para ti. No quieres vivir fuera como el desgraciado hijo de un criminal, entonces tú dirás cualquier cosa para influir en mi decisión. Pero no me engañas.”
“Escucha,” El corazón de Jace estaba latiendo fuerte, pero trataba de hablar calmadamente. Ella tenía que creerle.
“Se que me odias. Se que piensas que soy un mentiroso igual que mi padre. Pero te estoy contando la verdad ahora. Mi padre cree absolutamente en lo que esta haciendo. Tu piensas que el es malvado. El piensa que lo que hace está bien. Piensa que esta haciendo el trabajo de Dios. No abandonará eso por mí. Tu me estabas siguiendo cuando estaba allí afuera, debes haber oído lo que el me dijo-”
“Te vi hablando con él,” dijo la Inquisidora. “No oí nada”
Jace maldijo por lo bajo. “Mira, te haré un juramento si quieres comprobar que no estoy mintiendo. Él esta usando La Espada y la Copa para convocar demonios y controlarlos. Cuanto más tiempo gastes en mí, más tiempo tendrá él para construir su ejército. Para cuando te des cuenta que él no hará el trato, no tendrás oportunidad contra él-”
La Inquisidora se dio vuelta con un sonido de disgusto. “Estoy cansada de tus mentiras.”
Jace exhaló con incredulidad en cuanto ella giró y se dirigió hacia la puerta.
“¡Por favor!” él rogó.
Ella se paró en la puerta y se giró para observarlo. Jace sólo podía ver la sombra de su cara, su barbilla puntiaguda y huecos oscuros en su sien. Su ropa gris desaparecía en las sombras de manera que parecía un cráneo flotante que carecía de cuerpo.
“No pienses,”dijo, “que devolverte a tu padre es lo que quiero hacer. Es más de lo que Valentine Morgenstern merece.”
“¿Qué se merece?”
“Sostener en sus brazos el cuerpo sin vida de su hijo. Ver a su hijo muerto y saber que no hay nada que pueda hacer, ni hechizo, ni encantamiento, ni acuerdo con el infierno que pueda traerlo de vuelta-” Ella se quebró. “El debería saberlo” dijo en un susurro, y empujó la puerta, sus manos escarbando contra la madera. Esta se cerró tras ella con un ruido seco, dejando a Jace, sus muñecas ardiendo, mirando en confusión.
Clary colgó el teléfono con el ceño fruncido. “No responde.”
“¿A quien estas tratando de llamar?” Luke estaba es su quinta taza de café y Clary estaba comenzando a preocuparse por él. Seguramente ¿había algo tal como el envenenamiento por cafeína? No parecía al borde de un ataque o algo parecido, pero ella clandestinamente desenchufó la cafetera en su vuelta a la mesa, solo por si acaso.
“¿Simon?”
“No. Me siento rara despertándolo a estas horas, aunque el diga que no le molesta en cuanto no tenga que ver la luz del día. Entonces...”, dijo “estaba llamando a Isabel. Quiero saber que esta sucediendo con Jace.”
“¿No contesta?”
“No”. El estómago de Clary hizo ruido. Fue al refrigerador, sacó un yogurt de durazno, y lo comió mecánicamente, sin saborearlo. Estaba de camino al bote de basura cuando recordó algo.
“Maia”, dijo.
“Deberíamos revisar y comprobar si esta bien.”. Ella tiró el yogurt.
“Iré yo”
“No, yo soy el líder de su clan. Confía en mí. Puedo tranquilizarla si se encuentra alterada.”, dijo Luke. “Estaré de vuelta.”
“No digas eso,” Clary le pidió, “Odio cuando la gente dice eso”
Él le sonrió torcidamente y se dirigió al corredor. A los pocos minutos el estaba de regreso, aturdido.
“Se ha ido”
“¿Ido? ¿Ido como?”
“Quiero decir que se escapó de la casa. Ella dejó esto.”
Él lanzó un papel doblado en la mesa. Clary lo recogió y lo leyó con el ceño fruncido: Lamento todo. Fui a enmendar lo que hice. Gracias por todo lo que han hecho. Maia.
“¿Enmendar lo que ha hecho? ¿Que se supone que significa?”
Luke pestañeó. “Esperaba que lo supieras”
“¿Estas preocupado?”
“Los demonios Raums son Retriever”, dijo Luke, “Encuentran gente y las traen a quien los maneja. Ese demonio tal vez todavía la este buscando.”
“Oh”, Clary dijo en voz baja. “Pues bien, mi opinión es que ella fue a ver a Simón.”
Luke parecía sorprendido. “¿Sabe donde vive?”
“No lo se”, admitió Clary, “Ellos se asemejan en ese modo. Tal vez.”
Ella buscó en su bolsillo su teléfono. “Lo llamaré”
“Pensé que llamarlo te hacía sentir rara.”
“No tan rara como todo lo que esta pasando ahora.” Ella buscó en la agenda que aparecía en la pantalla el número de Simon. Sonó tres veces antes de que atendiera, sonando aturdido.
“¿Hola?”
“Soy yo.” Ella se alejó de Luke mientras hablaba, más por hábito que por querer esconder la conversación de él.
“Sabes que ahora soy nocturno,”dijo con un gruñido. Ella podía oírlo rodando sobre su cama. “eso significa que duermo durante el día”
“¿Estas en tu casa?”
“Si, ¿Dónde más estaría?”, su voz era filosa, dormida.
“¿Qué sucede Clary, que anda mal?”
“Maia se fue. Dejó una nota diciendo que tal vez estaría yendo a tu casa.”
Simon sonaba confundido. “Pues bien, ella no lo hizo. O si lo hizo, no ha llegado todavía.”
“¿Hay alguien en tu casa aparte de ti?”
“No, mamá esta en el trabajo y Rebecca tiene clases. ¿Por qué, realmente crees que Maia esta viniendo hacia aquí?”
“Solo avísanos si lo hace-”
Simon la interrumpió. “Clary”. Su tono era urgente. “Espera un segundo. Creo que alguien esta tratando de entrar en mi casa”
El tiempo pasaba en la celda, y Jace observaba la espeluznante lluvia de plata caer alrededor de él con una clase distante de interés. Sus dedos habían comenzado a dormirse, lo que sospechaba que era un mal signo, pero no parecía importarle ahora. Se preguntaba si los Lightwood sabrían que el estaba allí, o si alguien se llevaría una fea sorpresa al entrar en la sala de entrenamiento y encontrarlo encerrado en él.
Pero no, la Inquisidora no era descuidada. Tendría que haberles contado que la habitación estaba fuera de los límites hasta que dispusiera del prisionero en cualquier manera que ella considerase apropiada. Él creía que debía estar furioso, incluso enojado, pero no podía sentir siquiera eso. Ya nada parecía real; ni la Clave, ni el Convenio, ni la Ley, y tampoco su padre. Unos pasos suaves lo alertaron de la presencia de alguien más en la habitación. Él había estado tendido, mirando la celda; ahora estaba sentado, con su mirada monitoreando la habitación. Podía ver una figura oscura justo detrás de la cortina de lluvia brillante. Debía ser la Inquisidora, de vuelta para burlarse de él un poco más. Él se preparó- luego vio, con un susto, el cabello oscuro y el rostro familiar. Tal vez había algunas cosas que le importaban, después de todo.
“¿Alec?”
“Soy yo”
Alec se arrodilló al otro lado de la pared resplandeciente. Era como mirar a alguien a través de agua clara fluyendo en una corriente; ahora Jace podía ver a Alec claramente, pero sus facciones parecían ondear y disolverse, como lo hacía la fogosa lluvia.
Era lo suficiente para marearte, Jace pensó.
“¿Que demonios es esta cosa?” Alec se acerco para tocar la pared.
“No lo hagas”. Jace se acercó, luego retrocedió rápidamente antes de hacer contacto con la pared.
“Te hará una descarga, quizás te mate si tratas de pasar a través de ella.”
Alec alejó su mano con un silbido. “La Inquisidora actúa en serio”
“Por supuesto que lo hace. Soy un criminal peligroso. ¿O no has oído?”
Él pudo oír la acidez en su propia voz, observó a Alec estremecerse, y por un momento estuvo alegre.
“Ella no te llamó un criminal, exactamente…”ç
“No, sólo soy un chico travieso. Hago toda clase de cosas malas. Pateo gatitos. Hago gestos obscenos a las monjas.”
“No bromees. Esto es cosa seria.”, los ojos de Alec eran sombríos. “¿Qué demonios estabas pensando cuando fuiste a ver a Valentine? Quiero decir, seriamente, ¿que estaba pasando por tu cabeza?”
Un infinito número de comentarios elegantes se le ocurrieron a Jace, pero se encontró con que no quería hacer ninguno de ellos. Estaba demasiado cansado.
“Estaba pensando que es mi padre.”
Alec parecía estar contando mentalmente hasta diez para mantener la paciencia.
“Jace-“
“¿Y que hubiese pasado si fuese tu padre? ¿Qué hubieses hecho?”
“¿Mi padre? Mi padre nunca haría las cosas que Valentine-”
La cabeza de Jace hizo un movimiento brusco. “¡Tu padre hizo esas cosas! ¡El estaba en el Círculo junto a mi padre! ¡Tu madre también! Nuestros padres eran lo mismo. ¡La única diferencia es que los tuyos fueron atrapados y castigados, y el mío no!”
El rostro de Alec se contrajo. Pero “¿La única diferencia?” fue lo único que dijo.
Jace miró sus manos. Los puños quemados no se iban a quitar en mucho tiempo.
La piel que estaba por debajo estaba punteada con gotas de sangre.
“Sólo quiero decir”, dijo Alec, “que no se como quieres verlo, no después de lo que hizo en general, sino después de lo que te hizo a ti.”
Jace no dijo nada.
“Todos estos años,” dijo Alec. “El te dejó pensar que estaba muerto. Tal vez tú no recuerdes como era eso cuando tenías diez años, pero yo si lo hago. Nadie que te quiera podría hacer-podría hacer algo como eso.”
Las líneas de sangre estaban descendiendo por las manos de Jace, como cintas rojas desenredándose.
“Valentine me dijo,”dijo tranquilo, “que si lo apoyaba en contra de la Clave, si yo hacía eso, me aseguraba que nadie que yo quisiera saldría lastimado. Ni tú o Isabel o Max. Ni Clary. Ni tus padres. El dijo-”
“¿Nadie saldría herido?” Alec repitió sarcásticamente. “Quieres decir que no los lastimaría con sus propias mano. Grandioso.”
“Vi lo que puede hacer, Alec. La clase de fuerzas demoníacas que puede controlar. Si trae ese ejército de demonios contra la Clave, habrá una guerra. Y la gente sale lastimada de las guerras. Muere en las guerras.” El vaciló. “Si tú tuviera la posibilidad de salvar a todos los que amas-”
“¿Pero que clase de posibilidad es esa? ¿Que vale la palabra de Valentine?”
“Si él jura en el Ángel que hará algo, el lo hará. Lo conozco.”
“Si tu lo respaldas contra la Clave.”
Jace asintió.
“Debe haberse cabreado bastante cuando le dijiste que no.”, Alec remarcó.
Jace levantó la mirada de sus muñecas sangrando y lo observó. “¿Qué-”
“Dije que-”
“Se lo que dijiste. ¿Qué te hace pensar que le dije que no?”
“Pues bien eso hiciste. ¿No?”
Lentamente Jace asintió.
“Te conozco,” dijo Alec, con absoluta confianza en si mismo y se puso de pie. “Tú le contaste a la Inquisidora acerca de los planes de Valentine, ¿no? ¿Y a ella no le importó?”
“No diría que no le importó, más bien no me creyó. Ella tiene un plan que piensa que le interesará a Valentine. El único problema es que su plan apesta.”
Alec asintió. “Me puedes contar eso mas tarde. Primero lo primero: tenemos que pensar como sacarte de aquí.”
“¿Qué?”
La incredulidad hizo sentir a Jace un poco mareado. “Pensé que te habías vuelto estricto con el asunto de ir directamente a la cárcel, “la Ley es la Ley, Isabel”. ¿No fue eso lo que dijiste?”
Alec parecía sorprendido. “No puedes haber pensado que lo dije en serio. Sólo quería que la Inquisidora confiara en mí y no estuviera mirándome todo el tiempo como lo hace con Izzy y Max. Ella sabe que están de tu lado.”
“¿Y que hay de ti? ¿Estas de mi lado?” Jace pudo oír la rudeza en su pregunta y se abrumó al notar cuando significaba para él la respuesta.
“Estoy contigo”, dijo Alec. “siempre. ¿Por que siempre tienes que preguntar? Tal vez respeto la Ley, pero lo que te ha estado haciendo la Inquisidora no tiene nada que ver con la Ley. No se que esta sucediendo exactamente, pero tiene algo personal contra ti. No tiene nada que ver con la Clave.”
“Yo la provoco,” dijo Jace. “No lo puedo controlar. Los burócratas despiadados me fastidian.”
Alec sacudió su cabeza. “No creo que sea eso. Es un odio de hace tiempo. Lo presiento.”
Jace estaba a punto de responder cuando las campanas de la catedral comenzaron a sonar. Al estar tan cerca del techo, el eco del sonido era realmente alto.
Él miro hacia arriba- todavía esperaba ver a Hugo volando entre las vigas de madera, lentamente, describiendo círculos. Al cuervo siempre le había gustado estar entre las vigas y el encorvado techo de piedra. Al mismo tiempo pensaba que al ave le hubiese gustado clavar sus garras en la débil madera; ahora se daba cuenta que las vigas le habían dejado una ventana como un excelente lugar desde el cual espiar.
Una idea fue tomando forma en la cabeza de Jace, oscura y abstracta. En voz alta sólo dijo, “Luke dijo algo acerca de que la Inquisidora tenía un hijo llamado Stephen. Dijo que ella estaba tratando de ajustar cuentas por él. Le pregunté a ella por él y se puso como loca. Creo que tal vez tiene algo que ver en por qué me odia tanto.”
Las campanas habían parado de sonar...
Alec dijo, “Tal vez. Podría preguntarles a mis padres, pero dudo que me digan algo.”
“No les preguntes a ellos. Pregúntale a Luke.”
“¿Ir de vuelta a Brooklyn quieres decir? Mira, salir sin que nos vean va a resulta imposible-”
“Utiliza el celular de Isabel. Mensajea a Clary. Dile que le pregunte a Luke.”
“De acuerdo.”, Alec hizo una pausa. “¿Quieres que le diga algo más de tu parte? A Clary quiero decir, no a Isabel.”
“No”, dijo Jace. “No tengo nada que decirle.”
“¡Simon!” Agarrando fuertemente el celular, Clary se giro hacia Luke. “Él dice que alguien esta tratando de entrar en su casa.”
“Dile que salga de allí.”
“No puedo salir de aquí,” dijo Simon “no a menos que quiera prenderme fuego.”
“La luz del día”, le dijo ella a Luke, pero luego vio que él ya se había dado cuenta del problema y estaba buscando algo en sus bolsillos. Las llaves del auto. Él las sostuvo en alto.
“Dile a Simon que estamos en camino. Dile que se encierre en una habitación hasta que lleguemos.”
“¿Has oído? Enciérrate en una habitación”
“He oído.”, la voz de Simon sonaba tensa.; Clary escuchó un suave sonido de rasguño, y luego un fuerte golpazo.
“¡Simón!”
“Estoy bien. Solo estoy apilando cosas contra la puerta.”
“¿Qué clase de cosas?” Ella estaba fuera del porche ahora, temblando bajo su fino suéter. Luke, detrás de ella, estaba cerrando la casa.
“Un escritorio,” dijo Simón con algo de satisfacción, “y mi cama.”
“¿Tu cama?” Clary subió al camión detrás de Luke, poniéndose con una mano el cinturón de seguridad mientras Luke se alejaba del camino de entrada y entraba en la Kent. Él lo alcanzó y abrochó la hebilla por ella.
“¿Cómo corriste tu cama?”
“Lo olvidaste. Súper fuerza de vampiro.”
“Pregúntale que esta escuchando.”, dijo Luke. Estaban bajando la calle con velocidad, lo que hubiese estado mejor si la orilla del río hubiese estado en mejores condiciones. Clary gritaba cada vez que golpeaban un cacharro.
“¿Qué estas escuchando?”, preguntó ella, conteniendo la respiración.
“Escucho la puerta principal crujir. Creo que alguien la pateó para que se abra. Luego Yossarian vino chillando a mi habitación y se escondió debajo de la cama. Es por eso que sé que definitivamente hay alguien en la casa.”
“¿Y ahora?”
“Ahora no escucho nada”
“Eso es bueno, ¿no es cierto?”, Clary se giró hacia Luke. “Dice que no oye nada ahora. Tal vez se marcharon.”
“Tal vez.” Luke sonaba dudoso. Estaban en una vía rápida ahora, conduciendo a través del barrio de Simón. “Mantenlo en el teléfono de todo modos.”
“¿Qué estas haciendo ahora, Simon?”
“Nada. He puesto todo lo que había en mi habitación contra la puerta. Ahora estoy tratando de sacar a Yossarian fuera del conducto de la calefacción.”
“Déjalo donde se encuentra”´
“Esto va a ser difícil de explicar a mamá.”, dijo Simon, y el teléfono se cortó. Hubo un ruido, y luego nada, la llamada se apareció como desconectada en la pantalla.
“No. ¡No!” Clary presionó el botón para volver a llamar, con sus dedos temblando.
Simon contestó rápidamente. “Lo siento. Yossarian me araño y deje caer el teléfono al suelo.”
Su garganta ardió con alivio. “Eso está bien, mientras te encuentres bien y-”
Un sonido como de un maremoto chocó contra el teléfono, arrasando con la voz de Simon. Ella alejó el teléfono de su oído. En la pantalla la llamada todavía aparecía como conectada.
“¡Simon!”, gritó por el teléfono. “¿Simon puedes oírme?”
El estrépito sonido se detuvo. Hubo un sonido de algo haciéndose añicos, y un fuerte, casi inaudible, maullido- ¿Yossarian? Luego el sonido de algo pesado golpear contra el suelo.
“¿Simon?”, susurró. Hubo un chasquido y luego una voz de acento sureño, divertida hablándole en el oído.
“Clarissa.”, dijo. “Tendría que haber sabido que eras tú al otro lado de la línea del teléfono.”
Ella cerró sus ojos, su estómago revolviéndose como si estuviese en una montaña rusa que recién había hecho su primera vuelta.
“Valentine.”
“Querrás decir “padre””, dijo, sonando realmente molesto. “Odio ese nuevo hábito de llamar los padres de uno por sus nombres de pila.”
“En realidad me gustaría llamarte de miles maneras mucho mas impronunciables que tu nombre.”, dijo bruscamente.
“¿Dónde esta Simon?”
“¿Te refieres al chico vampiro? Dudosa compañía para una cazadora de sombras de buena familia, ¿no crees? De ahora en adelante espero poder tener opinión en tu elección de amigos.”
“¿Qué le hiciste a Simón?”
“Nada,” dijo Valentine, molesto. “Todavía”, y colgó.
Para cuando Alec había regresado a la sala de entrenamiento, Jace estaba tirado en el suelo, imaginándose filas de muchachas bailando para ignorar el dolor en sus muñecas. No estaba funcionado.
“¿Qué estas haciendo?”, Alec preguntó, arrodillándose tan cerca de la pared resplandeciente de la celda como podía.
Jace trataba de recordarse cuando Alec hizo esa clase de pregunta, que realmente le importaban, y era algo que había una vez había encontrado bastante mas interesante que molesto. Ahora ocurría lo contrario.
“Creo que estoy tirado en el suelo y retorciéndome de dolor por un rato,”gruñó “eso realmente me relaja.”
“¿En serio? Ah- estas siendo sarcástico. Eso probablemente es un buen signo.”, dijo Alec. “Si puedes sentarte, quizás lo quieras. Voy a tratar de deslizarte algo a través de la pared.”
Jace se sentó tan rápido que la cabeza le dio vueltas. “Alec, no-”
Pero Alec ya se había movido para pasarle algo con ambas manos, como si estuviese rodando una bola hacia un niño. Una esfera roja atravesó la cortina resplandeciente y rodó hasta Jace, golpeando suavemente contra su rodilla.
“Una manzana”. El la levantó con algo de dificultad. “Que apropiado.”
“Pensé que estarías hambriento.”
“Lo estoy.” Jace le pegó una mordida a la manzana. El jugo le bajo por las manos y se le chisporroteó en las llamas azules que le amarraban las muñecas.
“¿Mensajeaste a Clary?”
“No. Isabel no me permite entrar en su habitación. Solo arroja cosas contra la puerta y grita. Dice que si entro saltará por la ventana. Ella lo hará”
“Probablemente.”
“Si, tengo ese sentimiento” dijo Alec, y sonrió, “no me ha perdonado por traicionarte, del modo que lo ve.”.
“Buena chica.”, dijo Jace con aprecio.
“No te traicioné, idiota.”
“Es la intención lo que cuenta.”
“Bien, porque te traje algo más también. No se si funcionará, pero vale la pena intentarlo.”
Le deslizo algo pequeño y metálico a través de la pared. Era un disco de plata de un cuarto de tamaño. Jace dejó la manzana y tomó el disco con curiosidad.
“¿Qué es esto?”
“Lo tomé del escritorio de la biblioteca. He visto a mis padres usarlo para quitar restricciones. Creo que es una runa de Abertura. Vale la pena intentar-”
Se interrumpió en cuanto Jace puso en contacto el disco con sus esposas, sosteniéndolo entre dos dedos. En el momento que este toco la línea azul de llamas, ésta parpadeo y se desvaneció.
“Gracias”, Jace frotó sus muñecas, cada una con la piel paspada y sangrando.
Estaba viendo si era capaz de sentir sus dedos nuevamente.
“No es una lima escondida en un pastel de cumpleaños, pero mantendrá mis manos de no caerse.”
Alec lo miró. Las ondas de la cortina de lluvia hacían sus rostro alargado, preocupado- quizá estaba preocupado.
“Sabes, algo me ocurrió cuando estaba hablando con Isabel mas temprano. Le dije que no podría saltar por la ventana, que no lo intentara por que se mataría.”
Jace asintió. “Suena como el aviso de un hermano mayor.”
“Pero luego comencé a preguntarme si era lo mismo en tu caso- quiero decir, te he visto hacer cosas que eran prácticamente volar. Te he visto caer desde una altura de tres pisos y aterrizar como un gato, saltar del suelo a un techo-”
“Escuchar relatar mis hazañas es realmente gratificante, pero no se cual es el punto, Alec.”
“El punto es que hay cuatro paredes en esta celda, no cinco.”
Jace lo miró. “Entonces Hodge no estaba mintiendo cuando dijo que usábamos geometría en nueva vida cotidiana. Estas en lo cierto, Alec. Hay cuatro paredes en esta caja. La inquisidora se ha ido con dos, quizás-”
“JACE”, dijo Alec perdiendo la paciencia. “Lo que quiero decir es que la celda no tiene techo. Nada entre el techo y tú.”
Jace echó hacia atrás su cabeza. Las vigas parecían bambolearse vertiginosamente encima de él.
“Estás loco.”
“Tal vez,” dijo Alec, “tal vez yo sólo se lo que eras capaz de hacer.”, se encogió de hombros. “Al menos podrías intentarlo.”
Jace observó a Alec- a sus ojos abiertos, rostro sincero y firmes ojos azules. Está loco, Jace pensó. Era verdad que en algunas peleas él había hecho cosas sorprendentes, pero todos lo habían hecho también. Sangre de cazadores de sombras, años de entrenamiento…pero no era incapaz de saltar treinta pies de altura en el aire.
¿Cómo sabes que no puedes, dijo una voz suave en el interior de su cabeza, si nunca has intentado?
La voz de Clary. Él pensó en ella y sus runas, en la Ciudad Silenciosa, en sus esposas haciendo “pum” como si hubieran sido abiertas bajo una enorme presión.
Él y Clary compartían la misma sangre. Si Clary hacía cosas que parecían imposibles...
Se puso de pie, casi reluciente, y observando alrededor, tomando balance de la habitación. Todavía podía ver el suelo- largos espejos y una multitud de armamento colgado de las paredes, las dagas brillando débilmente, a través de la cortina de plata que lo rodeaba. El dobló y recupero la manzana mitad comida del suelo, la miró por un momento- luego hizo su brazo hacia atrás y la arrojó lo mas fuerte que pudo. La manzana voló a través del aire, atravesó la cortina de plata resplandeciente, y ardió en una corona de llamas azules.
Jace oyó a Alec jadear. Entonces la Inquisidora no había exagerado. Si él tocaba una de las paredes de la celda, moriría. Alec estaba de pie, tambaleándose.
“Jace, no se-”
“Cierra la boca, Alec. Y no me mires. Eso no esta ayudando.”
Lo que haya dicho Alec en respuesta Jace no lo oía. Estaba haciendo un lento giro sobre sus talones, con sus ojos enfocados en las vigas. Las runas que le daban una excelente visión, le dieron un mejor panorama: podía ver sus bordes astillados, sus nudos y espirales, las manchas negras por la edad. Pero eran sólidas. Habían sostenido el techo del Instituto por cientos de años. Podrían sostener un adolescente. Flexionó sus dedos, tomando profundos, lentos y controlados respiros, justo como su padre le había enseñado. En su imaginación, podía verse saltando, volando, y atrapando la viga con facilidad y balanceándose sobre ella. Él era ligero, se dijo, ligero como una flecha, haciendo su recorrido a través el aire, rápida e imparable. Sería fácil, se dijo. Fácil. Y saltó.
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Gracías a Sii otra vez por otro capítulo más. Eres fantástica!!
Publicado por
Pandemonium
12 comentarios:
OMG, hermoso, me encanta este libro,cada vez mejor!!! gracias por traducir y colgarlo, besos
gracias por publicar tantos capitulos tan rapido!!!
ooooooo nooo porque siempre kedamos sin aire al final del capitulooooo!!!!
y Simon! que le haran a Simon wiiiii
Que capitulo!!! Nos han dejado en tensión chicas con este final jajajaja
muchísimas gracias por los capítulos, sois geniales!!!!!!!!
Gracias por todods los esfuerzos qu estais haciendo por que disfrutemos los demás, sois geniales, gracias. A mí me encantaría ayudaros a traducir pero por desgracia soy muym lenta. bss soy las mejores
Hola chicas, sois geniales, me encantan los capitulos quiero agradeceroslo de verdad por dedicar su tiempo y su esfuerzo para que los demas podamos disfrutar de este libro. Me abría encantado ayudaros a traducir pero por desgracia soy muy lenta. Gracias
Me encanta!! muchas gracias por traducirlo, me encantaría ayudar pero no tengo ni idea de inglés... Estoy de los nervios por saber que pasa con Jace!
Hola! Gracias por vuestra traducción. ¡Está genial! Me gustaría ayudar un poco con la traducción. Mi email: fire_of_witch@hotmail.com
entiendo porque meyer se ha ido a pasar el finde con JACE, yo tb quiero pasar el finde con el!!!! Edward seras mi eterno amor, pero dado que no sabemos si los hermanos quedaran juntos (ojala que si) me pido a jace!!
Por favor necesito seguir leyendo!!! este libro esta muy interesante!!!
madre del amor hermoso!, lo he dicho mil vedes y lo repito, esta saga es mi saga juvenil favorita, que le ha hecho Valentine a mi simon?, y mi Jace (corazon enorme recierden), podra salir de su "celda" oh, ya lo creo que si, el es sorprendente.
Mil gracias por traducir
muxas graciias por traduciir tan rapido, deje de meterme un tiempo y ya vais por el tercer libroo!!muxas graciias otra vees!:)
muaak!^^
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