-¡Clary!- La madre de Simon sonreía con toda la cara ante la visión de la muchacha de pie
sobre el umbral. -No te veo desde hace años. Empezaba a preocuparme que tú y Simon os
hubierais peleado.

-Oh, no,- dijo Clary. -Sólo es que no me he sentido muy bien, eso es todo.- Incluso cuando
llevas mágicas runas curativas, aparentemente no eres invulnerable. No se había sorprendido,
al despertar por la mañana después de la batalla, de tener un palpitante dolor de cabeza y
fiebre; creería que se había resfriado – ¿quién, congelado con la ropa húmeda, sobre el agua
durante horas por la noche, no lo estaría?– pero Magnus dijo que lo más probable es que se
hubiera agotado a sí misma al crear la runa que había destruido el buque de Valentine.
La madre de Simon cloqueaba con comprensión. -Apostaría a que es lo mismo que agarró
Simon hace dos semanas. Apenas pudo levantarse de la cama.





-Aunque, ahora está mejor, ¿verdad?- dijo Clary. Sabía que era verdad, pero no le
importaba oírlo de nuevo.
-Él está bien. Está fuera en el jardín trasero, creo. Sólo continua por la verja.- Ella sonreía.
-Estará feliz de verte.

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Capítulo realizado por Aurim

La hilera de casas de ladrillo rojo de la calle de Simon estaba dividida por una bonita cerca
blanca de hierro forjado, que se abría en cada casa con una verja que daba a un diminuto
segmento de jardín en la parte trasera. El cielo era azul brillante y el aire fresco, a pesar del
cielo soleado. Clary pudo probar el sabor fuerte de la futura nieve en el aire
Cerró la verja detrás de ella y avanzó buscando a Simon. Él estaba en el jardín trasero, como
se prometió, tendido en una silla de plástico con un cómic abierto en sus rodillas. Lo tiró a un
lado cuando vio a Clary, se incorporó, y sonrió.

-Hey, nena.
-¿Nena?- Ella se sentó al lado de él sobre el borde de la silla. -Te estás riendo de mí,
¿verdad?
-Estaba probando, ¿no?
“No,” dijo ella con firmeza, y se ladeó para besarle en la boca. Cuando se retiró, los dedos
de él se quedaron en su cabello, pero sus ojos eran pensativos.
“Estoy contento de que hayas venido,” dijo él.
“Yo también. Habría venido antes, pero…”
“Estabas enferma. Lo sé.” Ella había pasado la semana mandándole mensajes de texto
desde el sofá de Luke, donde había estado tendida envuelta en una manta viendo la reposición
de CSI. Era reconfortante pasar tiempo en un mundo donde cada misterio tenía una respuesta
científica y detectable.
“Estoy mejor ahora.” Ella echó un vistazo alrededor y tembló, tirando de su rebeca blanca
más cerca del cuerpo. “¿Qué estás haciendo aquí fuera tendido con este tiempo, de todas
maneras? ¿No estás helado?”
Simon sacudió la cabeza. “En realidad no siento frío o calor, ya no. Además,” –su boca se
curvó en una sonrisa– “quiero pasar tanto tiempo a la luz del sol como pueda. Todavía me
siento soñoliento durante el día, pero estoy luchando con ello.”
Ella tocó con la parte anterior de la mano su mejilla. Su cara estaba cálida por el sol, pero
por debajo su piel estaba fresca. “Pero todo lo demás es todavía… ¿todavía igual?”
“¿Te refieres a si soy todavía un vampiro? Sí. Eso parece. Aún quiero beber sangre, aún sin
pulso. Tendré que esquivar al médico, pero los vampiros no enfermamos…” Se encogió de
hombros.
“¿Y has hablado con Raphael? ¿Aún no tiene idea de por qué puedes salir a la luz del sol?”
“Ninguna. Parece un poco cabreado por esto también.” Simon parpadeó con su
somnolencia, como si fueran las dos de la mañana en vez de de la tarde. “Creo que esto altera
sus ideas acerca de cómo deberían ser las cosas. Un punto a favor, va a tener un trabajo más
duro para encontrarme vagando por la noche cuando yo esté decidido a vagar por el día en su
lugar.”
“Crees que él está contento.”
“A los vampiros nos les gusta el cambio. Son muy tradicionales.” Le sonrió, y ella pensó, Él
siempre estará como ahora. Cuando yo tenga cincuenta o sesenta, él todavía aparentará
dieciséis. Ese no era un pensamiento feliz. “De todas maneras, esto será bueno para mi carrera
musical. A juzgar por esa Anne Rice y demás los vampiros se hacen grandes estrellas del rock.”
“No estoy segura de que esa información sea fiable.”
Él se echó hacia atrás en la silla. “¿Qué lo es? Además de ti, por supuesto.”
“¿Fiable? ¿Eso es lo que piensas de mí?” requirió ella con fingida indignación. “Eso no es
muy romántico.”
Una sombra pasó por la cara de él. “Clary…”
“¿Qué? ¿Qué pasa?” Ella alcanzó su mano y la sostuvo. “Estás usando tu voz para las malas
noticias.”
Él apartó la vista de ella. “No sé si son malas noticias o no.”
“Todo es lo uno o lo otro,” dijo Clary. “Sólo dime que tú estás bien.”
“Estoy bien,” dijo él. “Pero… No creo que debamos seguir viéndonos, ya no.”
Clary casi se cae de la silla. “¿No quieres que seamos amigos nunca más?”
“Clary…”
“¿Es por los demonios? ¿Porque te he encontrado convertido en un vampiro?” Su voz iba
subiendo en volumen cada vez más alta. “Sé que todo ha sido una locura, pero puedo
mantenerte apartado de todo eso. Puedo…”
Simon hizo un gesto de dolor. “Comienzas a sonar como un delfín, ¿lo sabes? Para.”
Clary se detuvo.
“Aún quiero que seamos amigos,” dijo él. “Es de lo otro de lo que no estoy tan seguro.”
“¿De qué otro?”

Él comenzó a ruborizarse. Ella no había sabido que los vampiros podían ruborizarse. Parecía
algo extraordinario en contraste con su pálida piel. “Lo de novia-novio.”
Ella se quedó en silencio un largo momento, buscando las palabras. Finalmente, dijo: “Al
menos no has dicho ‘lo del beso.’ Temía que lo fueras a llamar así.”

Él bajó la mirada hasta sus manos, donde permanecían entrelazadas sobre la silla de
plástico. Los dedos de ella parecían pequeños contra los suyos, pero por primera vez, la piel de
ella era de un tono más oscuro. Él acaricio su pulgar distraídamente sobre los nudillos de ella y
dijo, “No debería haberlo llamado así.”
“Creí que era esto lo que querías,” dijo ella. “Creí que dijiste que…”
Él subió la mirada hasta ella a través de sus oscuras pestañas. “¿Que te quería? Te quiero.
Pero esa no es toda la historia.”
“¿Esto es por Maia?” Sus dientes habían empezado a castañear, sólo en parte por el frío.
“¿Porque ella te gusta?”
Simon titubeaba. “No. Quiero decir, sí, me gusta ella, pero no de la manera en la que tú te
refieres. Es sólo que cuando estoy cerca de ella… Sé que es como estar con alguien como yo,
eso es. Y no es como es contigo.”
“Pero no le quieres…”
“Quizás podría algún día.”
“Quizás yo podría amarte a ti algún día.”
“Si algún día lo haces,” dijo él, “ven y házmelo saber. Sabes dónde encontrarme.”
Los dientes de ella estaban castañeando con fuerza. “No puedo perderte, Simon. No
puedo.”
“No lo harás nunca. No te estoy dejando. Pero preferiría tener lo que tenemos, que es real y
verdad e importante, a tenerte a ti fingiendo sentir algo más. Cuando estoy contigo, quiero
saber que eres tú de verdad, la Clary real.”
Ella inclinó la cabeza contra la suya, cerrando los ojos. Él todavía se sentía como Simon, a
pesar de todo; aún olía como él, como su jabón de baño. “Quizás no sepa quién es.”
“Pero yo sí.”
La nueva camioneta de Luke estaba parada sobre el bordillo cuando Clary dejó la casa de
Simon, sujetando la puerta al cerrarla detrás de ella.
“Tú me dejaste. No tienes que recogerme también,” dijo ella, deslizándose dentro de la
cabina a su lado. Los fondos de Luke sirvieron para sustituir la camioneta antigua y destruida
por una nueva que era exactamente igual que esa.
“Perdóname mi pánico paternal,” dijo Luke, pasándole un vaso de papel encerado con café.
Ella dio un sorbo –sin leche y con un montón de azúcar, como a ella le gustaba. “Tiendo a
ponerme nervioso cuando no te tengo en mi inmediata línea de visión estos días.”
“Oh, ¿sí?” Clary sostuvo el café con fuerza para impedir que se derramara mientras ellos
chocaban con los baches de la carretera. “¿Por cuánto tiempo crees que va a continuar?”
Luke parecía considerarlo. “No mucho. Cinco, quizás seis años.”
“¡Luke!”
“Planeo dejarte empezar a salir cuando tengas treinta, si eso ayuda.”
“En realidad, no suena tan mal. Puede que no esté preparada hasta que tenga treinta.”
Luke la miró de lado. “¿Tú y Simon…?”
Ella hizo un gesto con la mano que sostenía el vaso de café. “No preguntes.”
“Ya veo.” Probablemente lo hacía. “¿Querías que te dejara en casa?”
“Vas al hospital, ¿verdad?” Podía decirlo por la tensión nerviosa subyacente en sus bromas.
“Iré contigo.”

Estaban en el puente ahora, y Clary miraba hacia fuera por encima del río, cuidando de su
café pensativamente. Nunca se cansaba de esta vista, el estrecho río de agua entre las paredes
del cañón de Manhattan y Brooklyn. Brillaba al sol como una lámina de aluminio. Se
preguntaba por qué nunca había intentado dibujarlo. Recordaba cómo una vez preguntó a su
madre por qué nunca la usaba como modelo, nunca dibujó a su propia hija. ‘Dibujar algo es
intentar capturarlo para siempre,’ había dicho Jocelyn, sentada en el suelo con un pincel
chorreando azul de cadmio sobre sus vaqueros. ‘Si realmente amas algo, nunca intentas
mantenerlo de esa manera para siempre. Tienes que dejarlo ser libre para cambiar.’
Pero yo odio el cambio. Ella respiró profundamente. “Luke,” dijo. “Valentine me dijo algo
cuando estaba en el buque, algo sobre…”
“Nada bueno puede empezar con las palabras ‘Valentine dijo,’” masculló Luke.
“Quizás no. Pero esto era sobre ti y mi madre. Dijo que tú estabas enamorado de ella.”
Silencio. Estaban parados por el tráfico sobre el puente. Ella podía oír el sonido del tren Q
retumbando al pasar. “¿Crees que eso es verdad?” dijo Luke al final.
“Bueno.” Clary podía sentir la tensión en el aire e intentó elegir sus palabras
cuidadosamente. “No lo sé. Quiero decir, él lo dijo y enseguida lo rechacé como una paranoia y
odio. Pero ahora he comenzado a pensar, y bueno… Es un poco extraño que siempre hayas
estado cerca, has sido como un padre para mí, prácticamente vivimos en la granja en verano, y
ni tú ni mi madre habéis tenido citas con nadie más. Así que pensé que quizás…”
“¿Pensaste que quizás qué?”
“Que quizás habéis estado juntos todo este tiempo y sólo no quisisteis decírmelo. Quizás
pensasteis que era demasiado joven para entenderlo. Quizás temíais que empezara a hacerme
preguntas sobre mi padre. Pero no soy demasiado joven para entenderlo, ya no. Puedes
contarme. Supongo que eso es lo que quiero decir. Puedes contármelo todo.”
“Quizás no todo.” Hubo otro silencio mientras la camioneta avanzaba lentamente hacia
delante con el reptante tráfico. Luke torció la vista hacia el río, sus dedos repiqueteando sobre
el volante. Finalmente, dijo, “Tienes razón. Estoy enamorado de tu madre.”
“Eso es genial,” dijo Clary, intentando sonar comprensiva y positiva a pesar de lo grotesca
que pudiera parecer la idea a la gente de que su madre y Luke a sus edades estuvieran
enamorados.
“Pero,” dijo él finalizando, “ella no lo sabe.”
“¿Ella no lo sabe?” Clary hizo un amplio gesto dramático con el brazo. Afortunadamente, el
vaso del café estaba vacío. “¿Cómo puede no saberlo? ¿No se lo has dicho?”
“La verdad es que,” dijo Luke, apretando de golpe el acelerador de forma que la camioneta
dio un bandazo hacia delante, “no.”
“¿Por qué no?”
Luke suspiró y se frotó la barbilla con barba de tres días cansadamente. “Porque,” dijo,
“nunca parecía ser el momento adecuado.”
“Esa es una excusa muy pobre, y lo sabes.”
Luke logró hacer un sonido a mitad de camino entre una risa y un gruñido de enfado.
“Quizás, pero es la verdad. Primero cuando me di cuenta de lo que sentía por Jocelyn, tenía la
misma edad que tú. Dieciséis. Y todos nosotros habíamos acabado de conocer a Valentine. Yo
no tenía ninguna competición con él. Estaba incluso algo contento de que si no iba a ser yo a
quien ella quisiera, fuera alguien que realmente la mereciera.” Su voz se endureció. “Cuando
me di cuenta de lo equivocado que estaba respecto a eso, era demasiado tarde. Cuando nos
fugamos juntos de Idris, y ella estaba embarazada de ti, yo le ofrecí matrimonio, para cuidar de
ella. Le dijo que no importaba quién era el padre del bebé, yo lo criaría como el mío propio.
Ella creyó que estaba siendo caritativo. No pude convencerla de que estaba siendo tan egoísta
como yo sabía. Ella me dijo que no quería ser una carga para mí, que eso era demasiado pedir
a nadie. Después me dejó en París, yo volví a Idris pero estaba siempre inquieto, nunca feliz.
Estaba siempre esa parte de mí ausente, la parte que era Jocelyn. Soñaba que ella estaba en
algún lugar necesitando mi ayuda, que estaba llamándome de alguna manera y no podía oírla.
Finalmente, fui en su busca de ella.”
“Recuerdo que ella estaba feliz,” dijo Clary en voz baja. “Cuando la encontraste.”
“Lo estaba y no lo estaba. Estaba contenta de verme, pero al mismo tiempo yo simbolizaba
para ella todo el mundo del que ella había huido, y del que no quería participar. Estuvo de
acuerdo en que me quedara cuando le prometí que rompería todos los vínculos con el pack,
con la Clave, con Idris, con todo eso. Yo me ofrecí a mudarme con vosotras, pero Jocelyn pensó
que mis transformaciones serían demasiado difíciles de ocultar para ti, y estuve de acuerdo.
Compré la librería, tomé un nuevo nombre, y fingí que Lucian Graymark estaba muerto. Y por
todas estas pretensiones y propósitos, lo ha estado.”
“Realmente has hecho mucho por mi madre. Has entregado toda tu vida.”
“Habría hecho más,” dijo Luke con practicidad. “Pero ella fue tan inflexible sobre no tener
nada que ver con la Clave o el Submundo, y por mucho que yo tratara de fingir, todavía era un
licántropo. He vivido recordando todo eso. Y ella estaba segura de no querer que tú supieses
nada de ello nunca. Ya sabes, nunca estuve de acuerdo con las visitas a Magnus, para cambiar
tus recuerdos o tu Visión, pero era lo que ella quería y le dejé hacerlo porque si hubiera
tratado de impedírselo, me habría pedido que me fuera. Y no había manera –ninguna manera–
de que ella aceptase casarse conmigo, ser tu padre y no decirte la verdad sobre mí mismo. Y
eso habría derrumbado todo, todos aquellos frágiles muros que ella había intentado tan
duramente de construir entre el suyo y el Mundo Invisible. No le podía hacer eso. Así que
permanecí en silencio.”
“¿Quieres decir que nunca le contaste lo que sentías?”
“Tu madre no es estúpida, Clary,” dijo Luke. Sonaba tranquilo, pero había cierta tirantez en
su voz. “Ella debe saberlo. Le ofrecí matrimonio. Por muy amables que hayan sido sus
rechazos, sé una cosa claramente: ella sabe lo que siento y ella no siente lo mismo.”
Clary se quedó en silencio.
“Está bien,” dijo Luke, tratando de aligerar. “Yo lo acepté hace mucho tiempo.”
Los nervios de Clary estaban quemándose de repente con una tensión que no creía que se
debiera a la cafeína. Empujó sus pensamientos a través de su propia vida. “¿Le ofreciste
casarte con ella, pero no le contaste que era porque la querías? No debe ser eso.”
Luke se quedó en silencio.
“Creo que deberías haberle contado la verdad. Creo que estás equivocado respecto a lo que
ella siente.”
“No lo estoy, Clary.” La voz de Luke sonó firme: Es suficiente por ahora.
“Recuerdo que una vez le pregunté por qué ella no salía con alguien,” dijo Clary, ignorando
su tono de amonestación. “Me dijo que era porque ella ya había entregado su corazón. Y
pensé que se refería a mi padre, pero ahora… ahora no estoy tan segura.”
Luke parecía ahora asombrado. “¿Ella dijo qué?” Se contuvo a sí mismo y añadió,
“Probablemente ser referiría a Valentine, ya sabes.”
“No creo eso.” Ella le disparó una mirada por el rabillo del ojo. “Además, ¿no lo odias? ¿El
no decir lo que sientes realmente?”
Esta vez el silencio duró hasta que estuvieron fuera del puente y retumbando Orchard
Street abajo, llena de tiendas y restaurantes cuyos letreros estaban en bonitos caracteres
chinos rizándose en dorado y rojo. “Sí, lo odio.” Dijo Luke. “En aquel tiempo, pensé que
tenerte a ti y a tu madre era mejor que nada. Pero si no puedes decir la verdad a la gente que
te importamás que nada, finalmente dejas de ser capaz de decirte la verdad a ti mismo.”
Había un sonido como de agua fluyendo en los oídos de Clary. Miró hacia abajo, vio que
había aplastado el vaso de papel encerado vacío que estaba sosteniendo hasta convertirlo en
una bola irreconocible.
“Llévame al Instituto,” dijo ella. “Por favor.”
Luke la miró con sorpresa. “Pensé que querías venir al hospital.”
“Te veré allí cuando haya acabado,” dijo ella. “Hay algo que tengo que hacer primero.”
El nivel más bajo del Instituto estaba lleno de luz de sol y pálidas motas de polvo. Clary
caminó a lo largo del estrecho pasillo lateral entre los bancos, metiéndose en el ascensor, y
pulsó el botón. “Vamos, vamos,” mascullaba. “Va-”
Las puertas doradas chirriaron al abrirse. Jace estaba en pie en el interior del ascensor. Sus
ojos se ensancharon cuando la vio.
“-mos.” Terminó Clary, y dejó caer el brazo. “Oh, hola.”
Él la contempló. “¿Clary?”
“Te has cortado el pelo,” dijo ella sin pensar. Era verdad –el largo cabello metálico no caía
tan largo sobre su cara, sino que estaba cortado con pulcritud y uniformidad. Lo que le hacía
parecer más civilizado, incluso un poco mayor. También estaba vestido con esmero, con un
jersey azul oscuro y vaqueros. Algo plateado brillaba en su garganta, justo bajo el cuello del
jersey.
Él subió una mano. “Oh. Sí. Maryse lo cortó.” La puerta del ascensor comenzó a deslizarse
para cerrarse; él la hizo retroceder. “¿Necesitabas subir al Instituto?”
Ella sacudió la cabeza. “Sólo quería hablar contigo.”
“Oh.” Él parecía un poco sorprendido por eso, pero dio un paso fuera del ascensor, dejando
que la puerta se cerrara con un sonido metálico detrás de él. “Justo ahora iba a pasarme por
Taki’s a por algo de comida. Realmente nadie se siente con ganas de cocinar…”
“Lo entiendo,” dijo Clary, luego deseó no haberlo dicho. No es que el deseo de los
Lightwoods de cocinar o no cocinar tuviera nada que ver con ella.
“Podemos hablar allí,” dijo Jace. Comenzó a caminar hacia la puerta, luego se detuvo y miró
para atrás hacia ella. De pie entre dos de los ardientes candelabros, su luz proyectaba un
pálido dorado sobre su pelo y su piel, él parecía como una pintura de un ángel. El corazón de
ella se encogió. “¿Vienes, o no?” dijo él con brusquedad, no sonando angelical en absoluto.
“Oh. Vale. Voy.” Ella se apresuró para alcanzarle.
Mientras caminaban hacia Taki’s, Clary intentó mantener la conversación lejos de los temas
relacionados con ella, Jace, o con ella y Jace. En su lugar, le preguntó cómo les iba a Isabelle,
Max y Alec.
Jace vaciló. Estaban cruzando la Primera y una fresca brisa estaba soplando por la avenida.
El cielo era un azul sin nubes, un perfecto día de otoño en Nueva York.
“Lo siento.” Clary hizo una mueca de dolor por su propia estupidez. “Ellos deben estar
bastante abatidos. Todas esas personas que conocían están muertas.”
“Es diferente para los Cazadores de Sombras,” dijo Jace. “Somos guerreros. Esperamos la
muerte en cierta manera, vosotros…”
Clary no pudo evitar un suspiro. “’Vosotros los mundanos no.’ Era eso lo que ibas a decir,
¿verdad?”
“Sí,” admitió él. “A veces es difícil incluso para mí saber lo que realmente eres.”
Ellos se habían detenido frente a Taki’s, con su techo combado y ventanas oscurecidas. El
ifrit que vigilaba la puerta les miraba fijamente con suspicaces ojos rojos.
“Soy Clary,” dijo ella.
Jace bajó la mirada hasta ella. El viento estaba azotando el pelo de ella sobre la cara. Él
alargó una mano y lo colocó hacia atrás, casi distraídamente. “Lo sé.”
Dentro, encontraron una mesa con el banco corrido en una esquina y se deslizaron en él. La
cafetería estaba casi llena: Kaelie, la camarera duende, estaba echada sobre el mostrador,
aleteando perezosamente sus alas blancas y azules. Ella y Jace habían llamado una vez. Un par
de hombres lobos ocupaban otra mesa. Estaban comiendo patas crudas de cordero y
discutiendo sobre quién ganaría en una pelea: el Dumbledore de los libros de Harry Potter o
Magnus Bane.
“Dumbledore ganaría totalmente,” dijo el primero. “Él tiene el badass Maldición Asesina.”
El segundo licántropo puntualizó mordazmente. “Pero Dumbledore no es real.”
“No creo que Magnus Bane sea real tampoco,” se burló el primero. “¿Te has encontrado
alguna vez con él?”
“Esto es tan extraño,” dijo Clary, acomodándose sigilosamente en su asiento. “¿Los estás
escuchando?”
“No. Es de mala educación escuchar a escondidas.” Jace estaba estudiando el menú, lo que
le dio la oportunidad a Clary de estudiarlo secretamente a él. Nunca te he mirado, le había
dicho ella. Era verdad también, o al menos ella nunca lo miró de la manera en la que quería,
con ojo de artista. Siempre se perdía, distraída en un detalle: la curva de sus pómulos, el
ángulo de sus pestañas, la forma de su boca.
“Me estás observando,” dijo él, sin levantar la vista de la carta del menú. “¿Por qué me
estás mirando? ¿Está algo mal?”

La llegada de Kaelie a su mesa salvó a Clary de tener que responder. Su lápiz, notó Clary, era
una ramita plateada de abedul. Ella contempló a Clary con curiosidad con sus ojos todo de
azul. “¿Sabe lo que quiere?”
Desprevenida, Clary pidió un poco al azar entre los ítems del menú. Jace pidió un plato de
patatas fritas dulces y un número de platos para llevar a casa para los Lightwoods. Kaelie se
fue dejando detrás un ligero olor a flores.
“Dile a Alec y a Isabelle que siento todo lo que ha pasado,” dijo Clary cuando Kaelie estaba
suficientemente lejos como para oír. “Y dile a Max que le llevaré Planeta Prohibido en
cualquier momento.”
“Sólo los mundanos dicen que lo sienten cuando lo que quieren decir es ‘Comparto tu
dolor,’” observó Jace. “Nada de eso fue culpa tuya, Clary.” Sus ojos estaban de repente
brillantes de odio. “Fue de Valentine.”
“Pienso en que no haya habido…”
“¿Ninguna señal de él? No. Supongo que se habrá cobijado en algún sitio hasta poder
finalizar lo que empezó con la Espada. Después de eso…” Jace se encogió de hombros.
“¿Después de eso qué?”
“No lo sé. Él es un loco. Es difícil adivinar qué es lo siguiente que hará un loco.” Pero él evitó
los ojos de ella, y Clary supo qué estaba pensando: Guerra. Eso era lo que Valentine quería.
Una guerra con los Cazadores de Sombras. Y él la buscaría también. Era sólo cuestión de dónde
él golpearía primero. “De todas formas, dudo que eso sea de lo que viniste a hablar conmigo,
¿no?”
“No.” Ahora, ese momento había llegado, Clary estaba pasando un mal rato buscando las
palabras. Atrapó por un momento su reflejo en el recipiente plateado de las servilletas. Rebeca
blanca, rostro blanco, rubor febril en sus mejillas. Ella estaba como cuando tenía fiebre. Se
sintió un poco así también. “He estado queriendo hablar contigo estos últimos días…”
“Puede que quieras quedarte conmigo.” Su voz era cortante de forma poco natural. “Cada
vez que te llamaba, Luke me decía que estabas enferma. Me figuré que me estabas evitando.
Otra vez.”
“No lo hacía.” A ella le pareció que entre ellos había una cantidad enorme de espacio vacío,
aunque la mesa no era de las grandes y ellos no estaban sentados muy lejos el uno del otro.
“Quería hablar contigo. He estado pensando en ti todo el tiempo.”

Él hizo un ruido de sorpresa y alargó la mano fuera a través de la mesa. Ella la tomó, una
ola de alivio rompiendo sobre ella. “Yo también he estado pensando en ti.”

La presión de su mano era cálida en la suya, reconfortante, y recordó cómo ella le había
sostenido a él en Renwick cuando se había balanceado hacia atrás, sosteniendo en las manos
el fragmento sangriento del Portal que era todo lo que le quedaba de su antigua vida. “Estuve
enferma de verdad,” dijo ella. “Lo juro. Casi muero allí en el barco, lo sabes.”

Soltó su mano, pero él la estaba mirando, casi como si pretendiera memorizar su rostro. “Lo
sé,” dijo él. “Cada vez que estuviste a punto de morir, yo también lo estuve.”
Sus palabras hacían que el corazón de ella resonase en el pecho como si se hubiera dado un
trago de cafeína. “Jace. He venido a decirte que…”
“Espera. Déjame hablar a mí primero.” Levantó las manos como para protegerse de las
siguientes palabras de ella. “Antes de que digas nada, quería pedirte perdón.”
“¿Perdón? ¿Por qué?”
“Por no escucharte.” Él se rastrilló el cabello hacia atrás con ambas manos y ella pudo ver
una pequeña cicatriz, una minúscula línea plateada, en un lado de su cuello. No la había tenido
antes. “Me dijiste que yo no podía tener lo que quería de ti, y yo seguí presionándote y
presionándote, sin escucharte en absoluto. Sólo te quería y me tenía sin cuidado lo que nadie
más tuviera que decir sobre ello. Nadie, ni siquiera tú.”

La boca de ella estaba de repente seca, pero antes de que ella pudiera decir algo, Kaelie
estaba de vuelta, con los fritos de Jace y varios platos para Clary. Clary bajó la mirada a lo que
había ordenado. Un batido verde, lo que parecía un filete de hamburguesa cruda y un plato de
grillos bañados en chocolate. Nada de eso importaba; su estómago estaba demasiado cerrado
para considerar la posibilidad de comer. “Jace,” dijo ella, tan pronto como la camarera se había
ido. “Tú no hiciste nada malo. Tú…”
“No. Déjame terminar.” Estaba mirando su plato de fritos como si contuviera los secretos
del universo. “Clary, tengo que decirlo ahora o… o no lo diré.” Sus palabras salieron en una
ráfaga: “Creía que había perdido a mi familia. Y no me refiero a Valentine. Me refiero a los
Lightwoods. Creí que ellos habían terminado conmigo. Creí que no había nada en mi mundo
más que tú. Yo… Yo estaba enloquecido con la pérdida y me desquité contigo y lo siento. Tú
tenías razón.”
“No. Fui una estúpida. Fui cruel contigo…”
“Tenías toda la razón para serlo.” Levantó sus ojos para mirarla y de repente ella de un
modo extraño estaba recordándose con cuatro años y en la playa, llorando cuando el viento
arreció y echó abajo el castillo que había hecho. Su madre le había dicho que podía hacer otro
si quería, pero no pararon sus lloros porque lo que ella había creído que era permanente no
era permanente después de todo, sino sólo algo hecho de arena que desaparecía por el
contacto del viento o el agua. “Lo que dijiste era verdad. No vivimos o amamos en un vacío.
Hay gente a nuestro alrededor que se preocupa por nosotros, por que podamos resultar
heridos, quizás destruidos, si nos dejamos a nosotros mismos sentir lo que querríamos sentir.
Ser tan egoísta, significaría… Significaría ser como Valentine.”


Él dijo el nombre de su padre con tanta determinación que Clary lo sintió como una puerta
cerrándose con un portazo en su cara.
“Yo sólo seré tu hermano de aquí en adelante,” dijo él, mirándola con una expectación
esperanzada de que ella estaría contenta, lo que le hizo a ella querer gritar que le estaba
rompiendo el corazón en pedazos y tenía que parar. “Es eso lo que quieres, ¿no?”

Le llevó un largo lapso de tiempo responder, y cuando lo hizo, su propia voz sonó como un
eco, viniendo desde muy lejos. “Sí,” dijo ella, y oyó la ráfaga de olas en los oídos, y los ojos le
escocieron como por la arena o el rocío de la sal. “Eso es lo que quería.”

Clary subió con entumecimiento los grandes escalones que precedían las amplias puertas de
cristal del Beth Israel. De alguna manera, estaba contenta de estar allí en vez de en ningún otro
lugar. Lo que quería más que nada era tirarse en los brazos de su madre y llorar, incluso
aunque no pudiera explicarle nunca a su madre aquello por lo que estaba llorando. Desde que
no podía hacer eso, sentarse junto a la cama de su madre y llorar parecía la siguiente mejor
opción.
Ella se había contenido bastante bien en Taki’s, incluso abrazando a Jace para despedirse
cuando se fue. No había empezado a sollozar todavía cuando tomó el metro, y entonces se
encontró a sí misma llorando por todas las cosas por las que no había llorado aún, por Jace,
Simon, Luke, su madre, e incluso por Valentine. Había llorado tanto que el hombre que estaba
sentado al otro extremo le había ofrecido un pañuelo de papel, y ella le había gritado, ¿Qué
crees que estás mirando, gilipollas?, porque eso era lo que se hacía en Nueva York. Después de
eso se sintió un poco mejor.

Cuando se acercaba al final de las escaleras, se dio cuenta de que allí había una mujer de
pie. Llevaba una larga capa oscura sobre un traje, no es el tipo de cosa que usualmente veías
en una calle de Manhattan. La capa estaba hecha de un material aterciopelado oscuro y tenía
una ancha capucha, que estaba subida, ocultando su rostro. Echando un vistazo alrededor,
Clary vio que nadie más en los escalones del hospital o en las puertas parecía notar la
aparición. Un glamour, entonces.

Llegó al final de los escalones y se detuvo, subiendo la mirada a la mujer. Todavía no podía
ver su rostro. Ella dijo, “Mira, si estás aquí para verme, sólo dime qué quieres. La verdad es que
no estoy de humor para todo este rollo del glamour y el secretismo en este momento.”
Notó que la gente a su alrededor se paraba a mirar a la chica loca que estaba hablando
sola. Ella luchó contra el impulso de sacarles la lengua.

“Está bien.” La voz era suave, extrañamente familiar. La mujer alzó las manos y se bajó la
capucha. Un cabello plateado se extendía por sus hombros en avalancha. Era la mujer que
Clary había visto mirándola en el patio del Cementerio Marble, la misma mujer que les había
salvado del cuchillo de Malik en el Instituto. De cerca, Clary pudo ver que tenía el tipo de
rostro que era todo ángulos, demasiado afilada para ser bonito, aunque los ojos eran de un
intenso y precioso color avellana. “Mi nombre es Madeleine. Madeleine Bellefleur.”
“¿Y…?” dijo Clary. “¿Qué quieres de mí?”
La mujer –Madeleine– vaciló. “Conocí a tu madre, Jocelyn,” dijo ella. “Éramos amigas en
Idris.”
“No puedes verla,” dijo Clary. “Nada de visitantes, sólo familiares hasta que esté mejor.”
“Pero ella no se pondrá mejor.”
Clary sintió como si le hubiera abofeteado la cara. “¿Qué?”
“Lo siento,” dijo Madeleine. “No quería ofenderte. Es sólo que sé qué es lo que está mal en
Jocelyn, y no hay nada que un hospital mundano pueda hacer por ella ahora. Lo que le
ocurrió… Ella se lo hizo a sí misma, Clarissa.”
“No. Tú no lo entiendes. Valentine…”
“Ella lo hizo antes de que Valentine diera con ella. De forma que él no pudiera obtener
ninguna información de ella. Lo planeó de esa manera. Era un secreto, un secreto que
compartió sólo con otra persona, y sólo a una persona le dijo cómo podía invertirse. Esa
persona soy yo.”
“¿Quieres decir…?”
“Sí,” dijo Madeleine. “Quiero decir que puedo mostrarte cómo despertar a tu madre.”

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Capítulo realizado por Aurim

5 comentarios:

yuhuuuuuuuu! Sois geniales gracias de corazon,.

Olaaaa pUeS VereiiS Sii la dueña o duñas de esta pagina estan leyendo esto es para por si QIEREN Qe leS ayude con el 3º a traducirlo la verda el ingles se me da mU iien wnU aQii oS Deja mi msn pa ponernoS e contacto isaladi802@hotmail.com
xaU
bY:iSiika

aaa maldito Jaceeee T_________T justo cuando ella seguro que le iba a decir que lo amaba va este y le dice que solo sere tu hermano, es para matarloooooooooooooooooo XDDD

hola! primero ke todo grax por haber traducido el libro en serio son geniales!! y si necesitan ayuda con el tercero no duden en avisarme mi correo es carobrochero@hotmail.com, a decir verdad ya comence a traducirlo jeje (es ke soy fanatica empedernida del libro XD)...
bueno cuidense muucho, bye!! ^^

Muchas Graciiass!! cn el esfuerzo qe aveiis puesto al traduciir el libroo =D! teniia muxas ganas de leerlo ^^
bss!!

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