Luke había pasado la mayor parte de la noche observando los progresos de la luna a través
del tejado translúcido del Salón de los Acuerdos, como una moneda rodando por la superficie
transparente de una mesa de cristal. Cuando la luna estaba cerca de estar llena, como ahora lo
estaba, él sentía la correspondiente afinación de su visión y su sentido del olfato, incluso
cuando estaba en forma humana. Ahora, por ejemplo, podía oler el sudor de la incertidumbre,
y el subyacente sabor ácido del miedo. Podía sentir la inquieta preocupación de su manada de
lobos fuera, en el Bosque de Brocelind, mientras deambulaban en la oscuridad bajo los árboles
y esperaban sus noticias.

-Lucian. –La voz de Amatis en sus oídos era baja y penetrante–. ¡Lucian!
Espabilándose de su meditación, Luke luchó por enfocar los ojos agotados en la escena que
estaba frente a él. Era un grupito harapiento, aquellos que habían decidido al menos escuchar
su plan. Menos de los que había esperado. Muchos conocidos de su antigua vida en Idris –los
Penhallow, los Lightwood, los Ravenscar–, así como muchos que acababa de conocer, como los
Monteverde, que llevaban el Instituto de Lisboa y hablaban una mezcla de portugués e inglés,
o Nasreen Chaudhury , la directora de gesto severo del Instituto de Mumbai. Su sari verde
oscuro estaba estampado con runas de plata tan brillantes que Luke se estremeció
instintivamente cuando ella pasó demasiado cerca.

-De verdad, Lucian –dijo Maryse Lightwood. Su pequeño rostro blanco estaba transido por
el agotamiento y el dolor. Luke realmente no esperaba que ni ella ni su marido vinieran, pero
ellos lo habían decidido casi en el mismo momento en el que él lo había mencionado. Suponía
que debía estar agradecido de que efectivamente estuvieran allí, incluso aunque el dolor
tendiera a hacer más fuerte el temperamento ya de por sí brusco de Maryse–. Tú eras el que
quería que estuviéramos aquí; lo menos que podrías hacer es prestar atención.
-Lo está haciendo. –Amatis se sentó con las piernas recogidas bajo ella como una chica
joven, pero su expresión era firme–. Lucian no tiene la culpa de que hayamos estado dando
vueltas en círculo durante la última hora.
-Y seguiremos dándole vueltas y vueltas hasta que encontremos una solución –dijo Patrick
Penhallow con un filo en su voz.

-Con el debido respeto, Patrick –dijo Nasreen con su leve acento –puede que no haya
solución a este problema. Lo mejor que podemos esperar es un plan.
-Un plan que no implique la esclavitud masiva o… –comenzó Jia, la esposa de Patrick, y
luego se interrumpió, mordiéndose el labio. Era una mujer bonita y esbelta que se parecía
mucho a su hija, Aline. Luke se acordaba de cuando Patrick dejó de llevar el Instituto de Pekín y
se casó con ella. Había suscitado algunas habladurías, cuando se suponía que él tenía que
casarse con una chica que sus padres ya habían elegido para él en Idris. Pero a Patrick nunca le
había gustado hacer lo que le decían, una cualidad de la que Luke estaba ahora agradecido.
-¿O aliarse con los Submundos? –dijo Luke–. Me temo que no hay otra salida más que esa.
-Ese no es el problema, y tú lo sabes –dijo Maryse–. Es todo el asunto sobre los escaños en
el Concilio. La Clave nunca estará de acuerdo con eso. Tú lo sabes. Cuatro escaños enteros…
-No cuatro –dijo Luke–, uno por cada uno del Reino de las Hadas, los Hijos de la Luna y los
Hijos de Liligh.
-Los brujos, los duendes y los licántropos –dijo el Senhor Monteverde con voz suave, sus
cejas se arqueaban–. ¿Y qué pasa con los vampiros?
-No me han prometido nada –admitió Luke–. Y yo tampoco les he prometido nada a ellos.
Puede que no estén muy deseosos de unirse al Concilio; ninguno de ellos siente demasiado
cariño por los de mi especie, ni demasiado cariño por las reuniones o las normas. Pero la
puerta está abierta para ellos si llegaran a cambiar de opinión.
-Malachi y los suyos nunca estarán de acuerdo con eso, y puede que no tengamos
suficientes votos en el Concilio sin ellos –murmuró Patrick–. Además, sin los vampiros, ¿qué
oportunidad tenemos?
-Una muy buena –soltó bruscamente Amatis, que parecía creer en el plan de Luke incluso
más que él–. Hay muchos Submundos que lucharán con nosotros, y de hecho son muy
poderosos. Sólo los brujos…
Sacudiendo la cabeza la Senhora Monteverde ser volvió hacia su marido.
-Este plan es disparatado. Nunca funcionará. Los Submundos no pueden ser de fiar.
-Funcionó durante el Levantamiento –dijo Luke.
La mujer portuguesa volvió a mirar con desprecio.
-Sólo porque Valentine estaba luchando con idiotas por ejército –dijo ella–, no demonios. ¿Y
cómo sabemos que los antiguos miembros de su Círculo no regresarán con él en el momento
en que los llame a su lado?
-Tenga cuidado con lo que dice, Senhora –retumbó Robert Lightwood.
Era la primera vez que hablaba en más de una hora; había pasado la mayor parte de la tarde
exánime, inmovilizado por la pena. Había arrugas en su rostro que Luke podría haber jurado
que no estaban allí hacía tres días. Su tormento era claro en sus hombros tensos y sus puños
apretados; Luke apenas podía culparle. Nunca le había gustado mucho Robert, pero había algo
en contemplar a un hombre tan grande sentirse impotente por la pena profunda, que era
doloroso ser testigo de ello.
-Si crees que me uniría a Valentine después de la muerte de Max… Él ha asesinado a mi
hijo…
-Robert –murmuró Maryse. Ella puso la mano sobre su brazo.
-Si no nos unimos a él –dijo el Senhor Monteverde–, todos nuestros hijos pueden morir.
-¿Si piensas eso por qué estás aquí entonces? –Amatis se puso en pie–. Pensaba que
habíamos decidido…
`Yo también´. A Luke le dolía la cabeza. `Siempre fue así con ellos´, pensó él, `dos pasos
hacia delante y uno hacia atrás. Estaban tan enfrentados entre ellos como los Submundos,
ojalá pudieran verlo. Quizás sería mejor si resolvieran sus problemas en combate, como lo
hacía su manada…´
Un destello de movimiento en las puertas del Salón captó su atención. Fue momentáneo, y
si no hubiera estado la luna tan cerca de estar llena, podría no haberlo visto o reconocido la
figura que pasó rápidamente ante las puertas. Se preguntó por un momento si estaba
imaginando cosas. A veces, cuando estaba muy cansado, creía ver a Jocelyn…, en el parpadeo
de una sombra, en el juego de luces sobre una pared. Pero no era Jocelyn. Luke se puso en pie.
-Voy a tomarme cinco minutos para tomar algo de aire. Volveré.
Sintió cómo le observaban mientras iba hacia las puertas de entrada…, todos ellos, incluso
Amatis. El Senhor Monteverde susurró algo a su esposa en portugués; Luke captó la palabra
“lobo” en el chorro de palabras. `Probablemente piensan que voy al exterior para correr en
círculos y ladrarle a la luna.´

El aire fuera era frío, el cielo de un gris pizarra o acero. El amanecer enrojecía el cielo al este
y arrojaba un rosa pálido sobre los escalones de mármol blanco que descendían de las puertas
del Salón. Jace estaba esperándole, a mitad de camino de las escaleras. Las ropas blancas de
duelo que llevaba golpearon a Luke como una bofetada en la cara, un recordatorio de toda la
muerte que acababan de sufrir allí, y de la que sufrirían de nuevo.
Luke se paró a varios pasos de Jace.

-¿Qué estás haciendo aquí, Jonathan?
Jace no dijo nada, y Luke maldijo mentalmente su falta de memoria…, a Jace no le gustaba
ser llamado Jonathan y habitualmente respondía al nombre con una brusca protesta. Esta vez,
sin embargo, no parecía importarle. El rostro que levantó hacia Luke era tan grave como el de
cualquiera de los adultos en el Salón. Aunque a Jace le faltaba un año aún para ser un adulto
según las leyes de la Clave, ya había visto en su corta vida cosas peores de las que la mayoría
de los adultos pudiera incluso imaginar.

-¿Estás esperando a tus padres?
-¿Te refieres a los Lightwood? –Jace sacudió la cabeza–. No. No quiero hablar con ellos.
Estaba buscándote.
-¿Es por Clary? –Luke descendió varios escalones hasta ponerse a la altura de Jace–. ¿Está
ella bien?
-Ella está bien.
La mención de Clary parecía haber tensado a Jace por completo, en respuesta a los nervios
de Luke…, pero Jace nunca diría que Clary estaba bien si no lo estuviera.
-¿Entonces, qué es?
Jace miraba más allá de él, hacia las puertas del Salón.
-¿Cómo está yendo ahí dentro? ¿Algún progreso?
-No en realidad –admitió Luke–. Tan poco como quieren rendirse a Valentine, pues incluso
menos les gusta la idea de Submundos en el Concilio. Y sin la promesa de escaños en el
Concilio, mi gente no luchará.
Los ojos de Jace echaban chispas.
-La Clave va a odiar esa idea.
-No les tiene que encantar. Sólo tiene que gustarles más de lo que les gusta la idea del
suicidio.
-Dilatarán el proceso –le advirtió Jace–. Yo les daría entonces una fecha límite si fuera tú. La
Clave funciona mejor con plazos.
Luke no pudo remediarlo y sonrió.
-Todos los Submundos que puedo convocar estarán aproximándose a la Puerta Norte al
crepúsculo. Si la Clave decide luchar con ellos para entonces, entrarán en la ciudad. Si no, se
darán la vuelta. No puedo dejarlo para más tarde que eso…, apenas así nos da tiempo
suficiente para llegar a Broceling para la media noche.
Jace dio un silbido.
-Eso es teatral. ¿Esperar la aparición de todos esos Submundos inspirará a la Clave o les
asustará?
-Probablemente un poco de ambas cosas. Muchos miembros de la Clave están relacionados
con Institutos, como tú; ellos están mucho más acostumbrados a ver Submundos. Son los
autóctonos idrisianos los que me preocupan. El ver a los Submundos a sus puertas puede
llevarlos al pánico. Por otra parte, no puede hacerles daño el recordar lo vulnerables que son.
Como a propósito, la mirada de Jace se dirigió rápidamente a las ruinas del Gard, una
cicatriz negra en la ladera sobre la ciudad.
-No estoy seguro de que nadie necesite más recordatorios de eso. –Volvió la mirada a Luke,
sus ojos claros muy serios–. Quiero contarte algo, y quiero que sea confidencialmente.
Luke no pudo ocultar su sorpresa.
-¿Por qué contármelo a mí? ¿Por qué no a los Lightwood?
-Porque tú eres el que está al cargo aquí realmente. Tú sabes eso.
Luke vaciló. Algo en la cara blanca y cansada de Jace le hizo sentir compasión de su
agotamiento…, compasión y un deseo de demostrar al muchacho, que había sido tan
traicionado y miserablemente utilizado por los adultos en su vida, que no todos los adultos
eran así, que había algunos con los que podía contar.
-Está bien.
-Y –dijo Jace–, porque confío en que sabrás cómo explicárselo a Clary.
-¿Explicarle el qué a Clary?
-Por qué tenía que hacerlo. –Los ojos de Jace eran anchos a la luz del sol naciente; le hacía
parecer años más joven–. Voy a ir tras Sebastian, Luke. Sé cómo encontrarle, y voy a seguirle
hasta que me lleve a Valentine.
Luke dejó salir su respiración con sorpresa.
-¿Sabes cómo encontrarle?
-Magnus me mostró cómo utilizar un hechizo de rastreo cuando estuve con él en Brooklyn.
Estuve intentando utilizarlo con el anillo de mi padre para encontrarle. No funcionó, pero…
-No eres un brujo. No deberías ser capaz de hacer un hechizo de rastreo.
-Estos son runas. Como la manera en la que la Inquisidor me vio cuando fui a ver a Valentine
al buque. Todo lo que necesitaba para hacer que funcionara era algo que fuera de Sebastian.
-Pero inspeccionamos con los Penhallow. No dejó nada atrás. Su habitación estaba
totalmente vacía y ordenada, probablemente por esta misma razón.
-Encontré algo –dijo Jace–. Un hilo mojado con su sangre. No es mucho, pero es suficiente.
Lo intenté, y funcionó.
-No puedes ir tras Valentine tú sólo, Jace. No te dejaré.
-No puedes detenerme. Realmente no. A menos que quieras luchar conmigo aquí mismo
sobre estos escalones. No ganarías, tampoco. Lo sabes tan bien como yo. –Había una nota
extraña en la voz de Jace, una mezcla de certeza y odio hacia sí mismo.
-Mira, por decidido que estés a interpretar al héroe solitario…
-No soy un héroe –dijo Jace. Su voz era clara y carente de matices, como si estuviera
planteando el más simple de los hechos.
-Piensa en lo que esto hará a los Lightwood, incluso aunque no te ocurra nada. Piensa en
Clary…
-¿Crees que no he pensado en Clary? ¿Crees que no he pensado en mi familia? ¿Por qué
crees que estoy haciendo esto?
-¿Crees que no me acuerdo de lo que es tener diecisiete años? –respondió Luke–. Creer que
tienes el poder para salvar el mundo…, y no sólo el poder sino la responsabilidad…
-Mírame –dijo Jace–. Mírame y dime que soy un chico corriente de diecisiete años.
Luke suspiró.
-No hay nada corriente en ti.
-Ahora dime que es imposible. Dime que lo que estoy sugiriendo no puede hacerse. –
Cuando Luke no dijo nada, Jace continuó–. Mira, tu plan está muy bien, hasta que eso llegue.
Trae a los Submundos, lucha con Valentine de todas las maneras posibles a las puertas de
Alicante. Es mejor que sólo echarse y dejar que te pisotee. Pero él lo esperará. No le estarás
cogiendo por sorpresa. Yo… yo podría cogerle por sorpresa. Puede que no sepa que Sebastian
está siendo seguido. Es una oportunidad al menos, y tenemos que aprovechar cualquier
oportunidad que podamos conseguir.
-Puede que eso sea verdad –dijo Luke–, pero eso es demasiado esperar de ninguna persona.
Incluso de ti.
-¿Pero no lo ves…? Sólo puedo ser yo –dijo Jace con la desesperación patente en su voz–.
Incluso aunque Valentine sintiera que le estoy siguiendo, me dejaría acercarme lo suficiente…
-¿Acercarte lo suficiente para hacer qué?
-Para matarle –dijo Jace–. ¿Para qué más?
Luke miraba al muchacho que estaba en pie, por debajo de él en las escaleras. Deseaba de
alguna manera poder mirar más allá y ver a Jocelyn en su hijo, de la manera en que la veía en
Clary, pero Jace era sólo, y siempre, él mismo: contenido, solo y distinto.
-¿Podrías hacer eso? –dijo Luke–. ¿Podrías matar a tu propio padre?
-Sí –dijo Jace, su voz tan distante como un eco–. ¿Ahora es cuando tú me dices que no
puedo matarle porque es, después de todo, mi padre, y que el parricidio es un crimen
imperdonable?
-No. Ahora es cuando te digo que tienes que estar seguro de que eres capaz de hacerlo –
dijo Luke, y se dio cuenta, para su propia sorpresa, de que parte de él ya había aceptado que
Jace iba a hacer exactamente lo que decía que iba a hacer, y que él le dejaría–. No puedes
hacer todo esto, cortar tus vínculos aquí y dar caza a Valentine tú solo, para acabar fallando en
el último obstáculo.
-Oh –dijo Jace–, soy capaz de ello. –Él tenía la mirada lejos de Luke, hacia abajo en los
escalones que daban a la plaza, que hasta ayer por la mañana habían estado llena de cuerpos–.
Mi padre me hizo como soy. Y le odio por ello. Puedo matarle. Él se aseguró de eso.
Luke sacudió la cabeza.
-Fuera cual fuera tu educación, Jace, tú has luchado contra ella. Él no te ha corrompido…
-No –dijo Jace–. No necesitaba hacerlo. –Dirigió la mirada hacia el cielo, surcado de azul y
gris; los pájaros habían iniciado sus cantos matutinos en los árboles que bordeaban la plaza–.
Será mejor que me vaya.
-¿Hay algo que quieras que le diga a los Lightwood?
-No. No, no le digas nada. Simplemente te culparían si descubrieran que tú sabías lo que yo
iba a hacer y me dejaste ir. Les he dejado notas –añadió él–. Lo entenderán.
-¿Entonces por qué…
-¿Te he contado todo esto? Porque quiero que lo sepas. Quiero que lo tengas en mente
mientras haces tus planes de batalla. Que estaré ahí fuera, buscando a Valentine. Si le
encuentro, te mandaré un mensaje –él sonrió fugazmente–. Piensa en mí como en tu plan de
reserva.
Luke extendió la mano y sujetó firmemente la mano del chico.
-Si tu padre no fuera quien es –dijo él–, estaría orgulloso de ti.
Jace pareció sorprendido por un momento, y luego, igual de rápidamente, se sonrojó y
retiró la mano.
-Si tú supieras… –comenzó, y se mordió el labio–. No importa. Buena suerte, Lucian
Graymark. Ave atque vale1.
-Déjanos tener la esperanza de que no habrá una verdadera despedida –dijo Luke. El sol
estaba alzándose rápidamente ahora, y cuando Jace levantó la cabeza, frunciendo el ceño ante
la repentina intensificación de la luz, hubo algo en su rostro que golpeó a Luke…, algo en esa
mezcla de vulnerabilidad y orgullo pertinaz–. Me recuerdas a alguien –dijo él sin pensar–.
Alguien a quien conocía hace muchos años.
-Lo sé –dijo Jace con un giro amargo en la boca–. Te recuerdo a Valentine.
-No –dijo Luke, con una voz asombrada; pero cuando Jace se apartó, la semejanza se
desvaneció, desterrando los fantasmas del recuerdo–. No… No estaba pensando en Valentine
en absoluto.
En el momento que Clary se despertó, supo que Jace se había ido, incluso antes de abrir los
ojos. Su mano, todavía extendida sobre la cama, estaba vacía; no había dedos que le
devolvieran la presión de los suyos. Ella se incorporó lentamente, su pecho contraído.
Él debía haber descorrido las cortinas antes de marcharse, porque las ventanas estaban
abiertas y brillantes listones de luz de sol rayaban la cama. Clary se preguntó por qué la luz no
la había despertado. Por la posición del sol, tenía que ser por la tarde. Sentía la cabeza pesada
y espesa, los ojos legañosos. Quizás fuera que no había tenido pesadillas esa noche, por
primera vez en tanto tiempo, y su cuerpo estaba descansado por el sueño.


Sólo cuando se levantó notó la presencia del trozo de papel doblado sobre la mesilla. Ella la
cogió con una sonrisa cerniéndose sobre sus labios –así que Jace le había dejado una nota– y
cuando algo pesado se deslizó de debajo del papel y repiqueteó en el suelo a sus pies, estuvo
tan sorprendida que dio un salto hacia atrás, pensando que aquello estaba vivo.
Estaba tendido a sus pies, una espiral de metal brillante. Ella supo lo que era antes de
inclinarse y tomarlo. La cadena y el anillo de plata que Jace llevaba alrededor de su cuello. El
anillo de familia. Ella rara vez le había visto sin él. Una repentina sensación de pavor la inundó
por completo.
Abrió la nota y escudriñó las primeras líneas:
[...]
El resto de la carta parecía correrse en un borrón sin sentido de letras; tenía que leerla una
y otra vez para encontrarle algún sentido. Cuando finalmente lo entendió, ella estaba en pie
mirando hacia abajo, contemplando el papel agitarse mientras sus manos temblaban. Ahora
entendía por qué Jace le había contado todo lo que le dijo, y por qué le había dicho que una
noche no importaba. Podías decirle cualquier cosa que quisieras a alguien a quien nunca ibas a
ver otra vez.
No tuvo ningún recuerdo, más tarde, de haber decidido lo siguiente que hacer, o de haber
buscado algo que ponerse, sino que de algún modo estuvo precipitándose escaleras abajo,
vestida con la equipación de Cazadora de Sombras, la carta en una mano y la cadena con el
anillo abrochada a toda prisa alrededor de su cuello.
La sala de estar estaba vacía, el fuego en la chimenea ardía extinguiéndose en cenizas
grises, pero ruido y luz manaban de la cocina: un parloteo de voces y el olor de algo
cocinándose.
`¿Crepes?´ pensó Clary con sorpresa. No hubiera creído que Amatis supiera cómo hacerlos.
Y tenía razón. Entrando en la cocina, Clary sintió ensancharse sus ojos… Isabelle, su brillante
cabello oscuro recogido en un moño sobre la nuca, junto a la cocina, un delantal rodeando su
cintura y una cuchara de metal en la mano. Simon estaba sentado sobre la mesa detrás de ella,
sus pies sobre una silla, y Amatis, lejos de decirle que los bajara del mueble, estaba echada
contra la encimera, mirando entretenidísima.
Isabelle le hizo señas con la cuchara a Clary.
-Buenos días –dijo ella–. ¿Te gustaría desayunar? Aunque, supongo que es más hora de
almorzar.
Sin decir nada, Clary miró a Amatis, que se encogió de hombros.
-Simplemente aparecieron y querían hacer el desayuno –dijo ella–, y tengo que admitirlo,
no se me da bien la cocina.
Clary rememoró la horrible sopa de Isabelle en el Instituto y reprimió un estremecimiento.
-¿Dónde está Luke?
-En Brocelind, con su manada –dijo Amatis–. ¿Va todo bien, Clary? Pareces un poco…
-Con ojos enloquecidos –finalizó Simon por ella–. ¿Va todo bien?
Por un momento Clary no pudo pensar en una respuesta. `Simplemente aparecieron´, había
dicho Amatis. Lo que significaba que Simon había pasado la noche entera en casa de Isabelle.
Le miro fijamente. No parecía nada diferente.
-Estoy bien –dijo ella. Ahora no era el momento de estar preocupándose por la vida
amorosa de Simon–. Necesito hablar con Isabelle.
-Pues habla –dijo Isabelle atizando un objeto deforme en el fondo de la sartén, que era,
temía Clary, un crep–. Estoy escuchando.
-A solas –dijo Clary.
Isabelle frunció el ceño.
-¿No puede esperar? Casi he hecho…
-No –dijo Clary, y hubo algo en su tono que hizo a Simon, al menos, sentarse más recto–. No
puede.
Simon se bajó deslizándose de la mesa.
-Muy bien. Os daremos algo de privacidad –dijo él. Se volvió hacia Amatis–. Tal vez podrías
enseñarme esas fotos de Luke de bebé de las que estuviste hablando.
Amatis disparó una mirada de preocupación a Clary pero siguió a Simon fuera de la
habitación.
-Supongo que podría…
Isabelle sacudió la cabeza cuando la puerta se cerró detrás de ellos. Algo destelló en la parte
de atrás de su cuello: un brillante cuchillo delicadamente fino estaba atravesado por la lazada
de su cabello, sosteniéndolo en su sitio. A pesar del retablo de domesticidad, ella era aún una
Cazadora de Sombras.
-Mira –dijo ella–, si esto es por Simon…
-No es por Simon. Es por Jace. –Ella empujó la nota hacia Isabelle–. Lee esto.
Con un suspiro Isabelle apagó el fuego, tomó la nota y se sentó para leerla. Clary tomó una
manzana del canasto que había sobre la mesa y se sentó mientras Isabelle, al otro lado de la
mesa, escaneaba la nota silenciosamente. Clary peló la manzana en silencio –en realidad no se
podía imaginar comiendo la manzana, o, de hecho, comiendo nada en absoluto, nunca más.
Isabelle levantó la mirada de la nota, sus cejas enarcadas.
-Esto parece más bien… personal. ¿Estás segura de que debería estar leyéndolo?
`Probablemente no´. Clary apenas podía recordar siquiera las palabras de la carta ahora; en
cualquier otra situación, nunca se la habría mostrado a Isabelle, pero su pánico por Jace
invalidaba cualquier otra preocupación.
-Sólo léela hasta el final.
Isabelle regresó a la nota. Cuando terminó, puso el papel sobre la mesa.
-Pensé que podría hacer algo así.
-Ves a lo que me refiero –dijo Clary, sus palabras tropezando unas contra otras–, pero él no
puede haberse ido hace mucho, o haber llegado muy lejos. Tenemos que ir tras él y… –Ella se
interrumpió, su cerebro finalmente procesando lo que Isabelle le había dicho y alcanzando su
boca–. ¿Qué quieres decir con que pensabas que podría hacer algo así?
-Sólo lo que he dicho. –Isabelle empujó un mechón de pelo colgante detrás de su oreja–.
Desde que Sebastian desapareció, todos hemos estado hablando acerca de cómo encontrarle.
Yo desgarré su habitación en casa de los Penhallow buscando algo que pudiéramos utilizar
para seguirle la pista… pero no había nada. Podría haber sabido que si Jace encontraba algo
que le permitiera seguirle el rastro a Sebastian, se iría como una flecha. –Ella se mordió el
labio–. Sólo habría esperado que se hubiera llevado a Alec con él. Alec no va a estar nada feliz.
-¿Así que piensas que Alec querrá ir detrás de él, entonces? –preguntó Clary con esperanzas
renovadas.
-Clary. –Isabelle sonaba débilmente exasperada–. ¿Cómo se supone que vamos a ir detrás
de él? ¿Cómo se supone que vamos a tener la menor idea de dónde ha ido?
-Debe haber alguna manera…
-Podemos intentar seguirle el rastro. Aunque, Jace es listo. Habrá calculado alguna forma de
bloquear el rastreo, exactamente igual que ha hecho Sebastian.
Un frío enfado agitó el pecho de Clary.
-¿Todavía quieres encontrarle? ¿Todavía te preocupa que se haya ido en lo que es
prácticamente una misión suicida? Él no puede enfrentarse a todo un Valentine por sí sólo.
-Probablemente no –dijo Isabelle–. Pero confío en que Jace tiene sus razones para…
-¿Para qué? ¿Para querer morir?
-Clary. –Los ojos de Isabelle brillaron con una repentina luz de enfado–. ¿Crees que el resto
de nosotros está a salvo? Todos estamos esperando a morir o ser esclavizados. ¿Realmente
puedes ver a Jace haciendo eso, simplemente sentándose a esperar que ocurra algo tan
horrible? ¿Realmente puedes ver…
-Todo lo que veo es que Jace es tu hermano exactamente igual que lo era Max –dijo Clary–,
y que te importaba lo que le ha sucedido.
Ella se arrepintió en el momento en que lo dijo; el rostro de Isabelle se puso blanco, como si
las palabras de Clary hubieran banqueado el color de la piel de la otra chica.
-Max –dijo Isabelle con una ira fuertemente contenida –era un niño pequeño, no un
luchador…, tenía nueve años. Jace es un Cazador de Sombras, un guerrero. Si luchamos con
Valentine, ¿crees que Alec no estará en la batalla? ¿Crees que no estamos todos nosotros, en
todo momento, preparados para morir si tenemos que hacerlo, si la causa es lo
suficientemente importante? Valentine es el padre de Jace; probablemente Jace tenga mejor
oportunidad que todos nosotros para acercarse a él, para hacer lo que tiene que hacer…
-Valentine matará a Jace si tiene que hacerlo –dijo Clary–. Él no le perdonará.
-Lo sé.
-¿Pero todo eso da igual si él sale en busca de la gloria? ¿Ni tan siquiera le echarás de
menos?
-Le echaré de menos cada día –dijo Isabelle–, por el resto de mi vida, que, asumámoslo, si
Jace fracasa, probablemente será cosa de una semana. –Ella sacudió la cabeza–. No lo pillas,
Clary. No entiendes lo que es vivir siempre en guerra, crecer en la batalla y el sacrificio.
Supongo que no es culpa tuya. Es sólo el cómo fuiste criada…
Clary levantó las manos.
-Lo pillo. Sé que no te gusto, Isabelle. Porque para ti soy una mundana.
-¿Crees que es ese el por qué… –Isabelle se interrumpió. Sus ojos brillaban, no sólo con
enfado, vio Clary con sorpresa, sino con lágrimas–. Dios, no entiendes nada, ¿verdad? ¿Cuánto
hace que conoces a Jace, un mes? Yo le conozco desde hace siete años. Y en todo ese tiempo
le he conocido; nunca le he visto enamorado, nunca he visto que tan siquiera le gustara
alguien. Él se ha enrollado con chicas, claro. Chicas que siempre estaban enamoradas de él,
pero a él nunca le importó. Aunque creo que ese era el por qué de que Alec… –Isabelle se
detuvo por un momento, manteniéndose muy quieta.
`Está intentando no llorar´, pensó Clary con asombro. Isabelle, la que parecía que nunca
había llorado.

-Siempre me preocupó, y a mi madre también… Quiero decir, ¿qué tipo de chico
adolescente no se cuelga nunca de nadie? Era como si él siempre estuviera medio despierto
donde el resto de la gente estaba preocupada. Pensaba que tal vez lo que le había ocurrido
con su padre había causado algún tipo de daño permanente en él, como que quizás nunca
pudiera amar de verdad a nadie. Si tan sólo hubiera sabido qué fue lo que realmente le pasó
con su padre…, pero luego probablemente habría pensado lo mismo, ¿no? Quiero decir,
¿quién no se habría quedado dañado por eso? Y entonces, te conocimos, y fue como si él
hubiera despertado. Tú no podías verlo, porque nunca lo habías conocido de otra forma. Pero
yo lo veía. Hodge lo veía. Alec lo veía… ¿Por qué crees que él te odiaba tanto? Fue así desde el
primer segundo en el que te encontramos. Tú pensabas que era increíble que pudieras vernos,
y lo era, pero lo que era increíble para mí era que Jace pudiera verte a ti, también. Él siguió
hablando de ti todo el camino de regreso al Instituto; hizo a Hodge enviarle a él a por ti; y una
vez que te trajo de vuelta, no quiso que te fueras otra vez. Donde quiera que estuvieras en la
habitación, te observaba… Incluso estaba celoso de Simon. No estoy segura de si él mismo se
daba cuenta de eso, pero lo estaba. Yo podía decirlo. Celoso de un mundano. Y luego, después
de lo que le ocurrió a Simon en la fiesta, él estuvo dispuesto a ir contigo al Dumort, a
quebrantar la Ley de la Clave, sólo para salvar a un mundano que ni siquiera le gustaba. Él lo
hizo por ti. Porque si le hubiera pasado algo a Simon, tú habrías sufrido. Tú eras la primera
persona fuera de nuestra familia cuya felicidad yo haya visto que él tomaba en consideración.
Porque él te amaba.
Clary hizo un sonido en el interior de su garganta.
-Pero eso fue antes de…
-Antes de que descubriera que tú eras su hermana. Lo sé. Y no te culpo por eso. Tú no
podías haberlo sabido. Y supongo que no pudiste remediar simplemente tirar para adelante y
salir con Simon después como si ni siquiera te importara. Pensé que una vez que Jace supiera
que eras su hermana, cedería y lo superaría, pero no lo hizo, no podía. No sé lo que Valentine
le hizo cuando era pequeño. No sé si ese es el por qué de que él sea de la manera que es, o si
sólo es la manera en la que se le hizo ser, pero él no te olvidará, Clary. No puede. Yo comencé
a odiar verte. Odiaba que Jace te viera. Era como una herida que te haces con veneno de
demonio…, tienes que dejar que se cure sola. Cada vez que retiras el vendaje, la herida
simplemente se abre de nuevo. Cada vez que él te ve, es como arrancar los vendajes.
-Lo sé –susurró Clary–. ¿Cómo crees que es para mí?
-No lo sé. No puedo decir lo que estás sintiendo tú. No eres mi hermana. No te odio, Clary.
Me gustas incluso. Si fuera posible, no hay nadie que prefiriera más para estar con Jace. Pero
espero que puedas entenderlo cuando digo que, si por algún milagro todos nosotros
superamos esto, espero que mi familia se mude a algún lugar tan lejano que nunca volvamos a
verte otra vez.
Las lágrimas pinchaban por detrás de los ojos de Clary. Era extraño, ella e Isabelle sentadas
aquí a esta mesa, llorando por Jace por razones que eran muy diferentes y extrañamente la
misma.
-¿Por qué me cuentas todo esto ahora?
-Porque me estás acusando de no querer proteger a Jace. Pero quiero protegerle. ¿Por qué
crees que estaba tan molesta cuando apareciste de repente en casa de los Penhallow? Actúas
como si no fueras parte de todo esto, de nuestro mundo; te mantienes en las líneas de banda,
pero tú eres parte de ello. Eres parte central de ello. No puedes simplemente hacerte pasar
por un poco partícipe para siempre, Clary, no cuando eres la hija de Valentine. No cuando Jace
está haciendo lo que está haciendo en parte por ti.
-¿Por mí?
-¿Por qué crees que está tan dispuesto a ponerse en riesgo a sí mismo? ¿Por qué crees que
no le importa si muere?
Las palabras de Isabelle se colaban en los oídos de Clary como afiladas agujas.
`Sé el por qué´, pensó ella. `Es porque él piensa que es un demonio, cree que no es realmente
humano, ese es el por qué… Pero no puedo contarte eso, no puedo contarte lo único que te
haría entenderlo´.
-Él siempre creyó que había algo mal en él, y ahora, debido a ti, piensa que está maldito
para siempre. Se lo escuché decir así a Alec. ¿Por qué no arriesgar tu vida, si de todas formas
no quieres vivir? ¿Por qué no arriesgar tu vida si nunca serás feliz, no importa lo que hagas?
-Isabelle, es suficiente. –La puerta se abrió, casi silenciosamente, y Simon estaba en la
entrada. Clary casi había olvidado lo mucho mejor era su oído ahora–. No es culpa de Clary.
El color se alzó en el rostro de Isabelle.
-No te metas en esto, Simon. No sabes que está pasando.
Simon entró en la cocina, cerrando la puerta detrás de él.
-He escuchado la mayoría de lo que habéis estado hablando –dijo él entonces con total
naturalidad–, incluso a través de la pared. Has dicho que no sabes qué está sintiendo Clary
porque no hace tanto que la conoces. Bien, yo sí. Si crees que Jace es el único que ha sufrido,
estás equivocada ahí.
Hubo un silencio; la ferocidad de la expresión de Isabelle estaba desvaneciéndose
ligeramente. En la distancia, Clary creyó oír el sonido de alguien llamando a la puerta principal:
Luke, probablemente, o Maia trayendo más sangre para Simon.
-No es por mí que él se ha ido –dijo Clary, y su corazón comenzó a palpitar. `¿Puedo
contarles el secreto de Jace, ahora que él se ha ido? ¿Puedo contarles la verdadera razón por la
que se fue, la verdadera razón por la que no le importa si muere?´ Las palabras comenzaron a
manar de ella, casi contra su voluntad–. Cuando Jace y yo fuimos a la casa solariega de los
Wayland…, cuando fuimos al encuentro del Libro del Blanco…
Ella se interrumpió cuando la puerta de la cocina se abrió. Amatis estaba allí, con la
expresión más extraña sobre su rostro. Por un momento Clary pensó que estaba asustada, y su
corazón dio un pálpito. Pero no había miedo en la cara de Amatis, no en realidad. Se parecía a
cuando Clary y Luke habían aparecido de repente en su puerta. Parecía como si hubiera visto
un fantasma.
-Clary –dijo ella lentamente–. Alguien ha venido a verte…
Antes de que pudiera terminar, ese alguien se coló en la cocina. Amatis se apartó, y Clary
tuvo su primera buena visión del intruso…, una mujer estilizada, vestida de negro. Lo primero
que Clary vio fue el atuendo de Cazador de Sombras y casi no la reconoció, no hasta que sus
ojos alcanzaron el rostro de la mujer y su estómago abandonó su cuerpo de la manera en que
lo había hecho cuando Jace había conducido la motocicleta más allá del borde del tejado del
Dumort, una caída de diez.
Era su madre.
1. <>: en latín, “hola y adiós”.

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Por Aurím, única traductora del tercer libro de Cazadores de Sombras

24 comentarios:

se puede llorar mas aun?? OMG q bonito... no puedo¡ GRACIAS, MUXIIIISIMAS GRACIAS aurim y pand¡¡ realmente a merecido la pena esperar.

Hola chic@s! Soy Aurim. No sé por qué no aparece el fragmento de la carta... A ver si puede arreglarse el texto, mientras tanto, aquí os lo dejo. Saludos!

"A pesar de todo, no puedo soportar la idea de que este anillo se pierda para siempre, no
más de lo que puedo soportar la idea de dejarte para siempre. Y aunque no tengo elección
respecto a una, al menos puedo elegir respecto a la otra".

GOSH!! QUE TRAUMA!! LA MAMA DE CLARY ESTA DESPIERTA!!!!!!!!!!!!!!!! ESA CONVERSACION ENTRE CLARY Y IZZY!! JACE!! CUANTAS COSAS!! EXCELENTE CAPI! MUERO POR MAS, GRAX!!!

K fueeertteee me e artado de llorar con la conver de izzy y clary k bonito yo kreo k clary en el fondo no se creia k jace la amaba de verdad.
Luego sta lo de jace estonto pa k se va xro creo k al dejarle el anillo va a ace k clary lo encuentree y encima aparece la madree wooow ai es donde estaba magnus tol tiempo k demasieee xfavor traducir los siguientes lo suplicooo wooow k guayyy!!^^

Gracias por traer traducidos los capítulos ;D Hacéis un trabajo estupendo ;)

Estaré pendiente de que pongáis el siguiente.

WAAAAAAAAAAA!
¿Cuantos capitulos son en total?..
solo para saber...cuanto faltaa!!!

waaaaaaaaaaaaaaa!..

Heeeermoso!

WOWWWWWWWWWWWWWWW!!!!!!!!!!!!!!! se esta poniendo cada vez mejor, espero con ansias el siguiente .GRACIAS POR SUBIRLO

Puedo ser egoista y pedirme tanto a Simon como a Jace?, acasose puede ser mas perfecto que eso dos?, obviamente no, Jace no es un heroe o por lo menos no cree serlo que es lo que mas amo de el, Simon no cree ser especial y cada uno es completamente ciego, Gracias chicas por su trabajo, gracias por traducir y subirlo. Aurim simplemente eres la mejor mil gracias!.

a mi me a fasinado mucho mucho los dos cap. son de lo mejor las adoro chiicas por su trabajo sigan asiii y yo seguire esperando por mas no importe lo k tarden por ke lo ke viene con la llegada de la mama de clary va a estar bueno bexxo0z..♥

que triste°!!!!!!!
no he parado de llorar.... me encantó el capitulo definitivamente sigo enamorada♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥
AMO A JACE ajjajajajaja
ya x favor quiero saber q sigue!!!
gracias nuevamente x el excelente trabajo... quiero q llegues los libros a Mexico!!!
un beso xoxo

Gracias , mil gracias por traducir y por subir. Sois lo mejor del cirber-espacio. Madre!No pude apartarme la mano de la boca durante todo el tramo final del capitulo 14 pues temia soltar un grito en cualquier momento¡QUE BONIIIIITOOOOOOOOOOOO!

Y el 15... puffff. Tremenda la conversacion de izzi y clary , muy fuerte. Y Magnus que grande , yo que pense que andaria hecho un obillo por ahi escondido protegiendo el libro de echizos.jajajaja, pero no. Muy bueno ese Magnus.

CHICAS SOIS LAS MEJORES. MIL BESOS Y MIL GRACIAS.

que las sombras se alejen con su vos
que los corazones salten con su presencia
y que mi agredecimiento sea como una flefha que cruza el mundo y llega su corazon.
de shadowraven

LLLL) miiviida! Jace!!!
jum! no puueden ser hermanOs!!

en el capituLo en qe murio Hodge estubo apuuunto de decir aLgo acerca de Jace! pero murio u.u
ii cuando paso lo del barcon con valentin tambien! dijo qe a su hermano lo habia convertido en un mousntro
entonces clary replico i el dijo
"no me referia a jace.."
entonces da a entender que no son hermanos!

o esa es mi ezperanza ajaja!
C:

miLes de Graxiiias! por maGnoficotrabaJo!

Aurím te amoo en verdad mil gracias por el capitulo esta super
y aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah dios q conversacion
me muerooo

Hola Aurim
espero que te encuentres biennn...
puxa pasaba para decirte mil gracias por las traducciones realmente valoro tu esfuerzo y la dedicacion con la que lo haceces, ya que no es solo para ti si no que tambien para todos los que si siguen la saga... eres una persona de buen corazon... no cambiess
una vez mas graciass te pasastee
y nos estamos viendoo
en un siguiente capitulo gracias a ti...
bye
sabrina

oh dios mio!!!

Hola a tod@s! Soy Aurim.

Hago una pausa en la traducción para deciros que os estoy muy agradecida por vuestros mensajes de apoyo, sois todos muy, muy amables!! Así da gusto hasta estar convaleciente... Ja,ja,ja.

Sobre los siguientes capítulos, sigo traduciendo sin pausa. Estos últimos son algo más largos, así que os pido un poco de paciencia (un poco más :-) lo siento), pero creo que merecerá la pena.

Y por último, pero no por ello menos importante, quiero volver a dar las GRACIAS a Pandoranium por su total apoyo desde el principio, y por la pasión, tenacidad y generosidad que demuestra en este proyecto que nos regala a todos. Eres genial! ;-)

totalmente de acuerdo contigooo
graciass!!! hacen un equipo exelenteee!!!!
vamoa Aurim confiamos en ti..
te damos todo nuestro apoyo y fiel al blog...
te esperamos..
nos vemos..

yo estoy adicta a este blog!!!

Aurim y pand... sois la caña!!!!

Aurim muxiiisimas gracias x traducir =D=)

kyaaaaaaaa tengo la sensacion de tener un cuchillo de hielo a un solo milimetro de mi corazon entre la vida y la muerte ... con ese solo milimetro separandome de todo kiaaaaaaaaaa
gracias por todos los cap genial es trabajo muy duro gracias por todo

Aurim, Gracias por el esfuerzo =)
woww! pobre jace.. espero que no le pase nada!°
xD

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